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Vastas montañas de libros

Thomas Wolfe (1900-1938)


En la universidad me paseaba por la gran biblioteca hasta altas horas de la noche, sacando libros de las mil estanterías y leyéndolos todos como un poseso. La sola idea de estas vastas montañas de libros me volvía loco; cuanto más leía, menos parecía saber; cuantos más libros leía, mayor me parecía el número, cada vez más inconmensurable, de libros que nunca llegaría a leer. En un período de diez años leí al menos veinte mil volúmenes (he rebajado deliberadamente la cifra) y recorrí al vuelo las páginas de una cantidad muchas veces superior. Si esto parece inverosímil, lo lamento, pero fue así. A la larga, toda esta terrible orgía de libros no me reportó ningún confort, ni paz, ni sabiduría para la mente o el corazón. Al contrario, mi furia y desesperación aumentaron, alimentándose de sí mismas; mi hambre aumentó sin tregua y su alimento sólo la hizo crecer y crecer.


(Thomas Wolfe, Una puerta que nunca encontré, Editorial Periférica, 2012. Traducción de Juan Sebastián Cárdenas)

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(Sr. y Sra. Smith, 2005, de Doug Liman. Guion de Simon Kinberg).

Presente continuo

Para una historia de la literatura, el único criterio de valor debe ser el presente, quiero decir, lo que justifica históricamente a un escritor no es su permanencia en el aire de los tiempos sino que su realidad es una especie de presente continuo que lo hace contemporáneo en algunas épocas y lo oscurece en otras. Porque para nadie, en ningún tuempo, hay valores absolutos.

(Ricardo Piglia, Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación, Anagrana, 2015).

Luis Romero

Luis Romero (Barcelona, 1916-2009)  a principios de los años cincuenta.

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