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Mineros


Llegamos al punto, al tajo, un espacio de poco más de dos metros de diámetro en medio de una gigantesca veta de carbón que el picador enfrentaba de pie. Por delante, una irregular y brillante pared negra que el martillo, empejado por el brazo robusto del minero, perforaba sin cesar.
El ensordecedor ruido, el polvo negro que lo invadía todo, la brutalidad del impacto de aquel martillo neumático sobre la pared de carbón, la descomunal fuerza del minero, nos dejaron atónitos (...).
Era el trabajo que realizaba todos los días aquel hombre. No dejó de hacerlo, por cierto, durante los cinco minutos que nos tuvo detrás, acurrucados. Sólo nos dedicó un gesto con la mitrada cuando llegamos a su altura. Sus ojos verdes parecían olivinas enormes. Luego siguió a su faena, sin detenerse, con toda la naturalidad del mundo. Haciendo su trabajo.

(Juanjo Barral, Ya entiendo, La Última Canana de Pancho Villa, 2012)

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).