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Mineros


Llegamos al punto, al tajo, un espacio de poco más de dos metros de diámetro en medio de una gigantesca veta de carbón que el picador enfrentaba de pie. Por delante, una irregular y brillante pared negra que el martillo, empejado por el brazo robusto del minero, perforaba sin cesar.
El ensordecedor ruido, el polvo negro que lo invadía todo, la brutalidad del impacto de aquel martillo neumático sobre la pared de carbón, la descomunal fuerza del minero, nos dejaron atónitos (...).
Era el trabajo que realizaba todos los días aquel hombre. No dejó de hacerlo, por cierto, durante los cinco minutos que nos tuvo detrás, acurrucados. Sólo nos dedicó un gesto con la mitrada cuando llegamos a su altura. Sus ojos verdes parecían olivinas enormes. Luego siguió a su faena, sin detenerse, con toda la naturalidad del mundo. Haciendo su trabajo.

(Juanjo Barral, Ya entiendo, La Última Canana de Pancho Villa, 2012)

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Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
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Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.