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La hotentota

Hotentota bosjesmana, en Historia natural del jénero humano, de Virey



DE LAS LUPIAS GRASAS DEL COCCIX DE ALGUNAS HOTENTOTAS


Levaillant, que al parecer fue el primero que vio las Hotentotas de la tribu de las Huzuanas, cargadas, o si se quiere, ataviadas de estas singulares almohadillas grasas, situadas más arriba de cada alga, observó que vibraban y zarandeaban todas cuantas veces se ajitaba el individuo; y vio además que los Hotentotillos se afianzaban en estas sobresalencias, sin que la madre tuviese necesidad de aguantarlos. Las lupias coccijianas de las Hotentota Sarah experimentaban igual temblequeo (...) Hanse notado más arriba de los grandes glúteos de esta Hotentota, enormes agolpamientos de una grasa casi líquida, o difluente y trémula como la jelatina. Dicha grasa estaba contenida como lardo blando entre las láminas muy separadas del tejido celular o lameloso subcutáneo de aquellas partes, y se estendía blandamente en torno a las caderas, aumentando su aparente grandiosidad, Los pechos largos y colgados de esta Hotentota contenían también abundante cantidad de la misma grasa casi fluida.

(J. J. Virey, Historia natural del jénero humano, Tomo I,  puesta en castellano por Antonio Bergnes de las Casas. Barcelona, Impr. de A. Bergnes, 1835)

Comentarios

  1. Anónimo5/7/12 13:50

    Muy bueno lo de hotentotillos...

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  2. Hay que reconocer que el castellano de Bergnes es muy castizo.

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     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

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