Ir al contenido principal

La hotentota

Hotentota bosjesmana, en Historia natural del jénero humano, de Virey



DE LAS LUPIAS GRASAS DEL COCCIX DE ALGUNAS HOTENTOTAS


Levaillant, que al parecer fue el primero que vio las Hotentotas de la tribu de las Huzuanas, cargadas, o si se quiere, ataviadas de estas singulares almohadillas grasas, situadas más arriba de cada alga, observó que vibraban y zarandeaban todas cuantas veces se ajitaba el individuo; y vio además que los Hotentotillos se afianzaban en estas sobresalencias, sin que la madre tuviese necesidad de aguantarlos. Las lupias coccijianas de las Hotentota Sarah experimentaban igual temblequeo (...) Hanse notado más arriba de los grandes glúteos de esta Hotentota, enormes agolpamientos de una grasa casi líquida, o difluente y trémula como la jelatina. Dicha grasa estaba contenida como lardo blando entre las láminas muy separadas del tejido celular o lameloso subcutáneo de aquellas partes, y se estendía blandamente en torno a las caderas, aumentando su aparente grandiosidad, Los pechos largos y colgados de esta Hotentota contenían también abundante cantidad de la misma grasa casi fluida.

(J. J. Virey, Historia natural del jénero humano, Tomo I,  puesta en castellano por Antonio Bergnes de las Casas. Barcelona, Impr. de A. Bergnes, 1835)

Comentarios

  1. Anónimo5/7/12 13:50

    Muy bueno lo de hotentotillos...

    ResponderEliminar
  2. Hay que reconocer que el castellano de Bergnes es muy castizo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Un poema de Muntañola

La noche es un árbol turbio que se enrreda en el árbol, es antracita antigua quemando la luz, es la piel más arcana del aire. El árbol lo sabe. Él bebe la noche.

(Esther Muntañola, Árbol. Ediciones Tigre de Papel, 2018).

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
Una de las canciones más recordadas de Enric Madriguera es "Adiós", co…