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El alegre Tapley

Mark Tapley

El mundo novelístico de Charles Dickens es rico en personajes secundarios. Mark Tapley es uno de ellos. Su papel en Martin Chuzzlewit (1844), es episódico, pero su personalidad es recordable. Mark Tapley, mozo de la posada del Dragón Azul, tiene un propósito: permanecer de buen humor por penosas que sean las circunstacias de la vida. Tan convencido está Tapley de la excelencia de esta virtud que incluso desearía vivir con más dureza si cabe a fin de valorar más su alegría de vivir. Para Mark la posada del Dragón Azul es un sitio divertido y hasta confortable, y su patrona una bellísima persona, por lo que no hay ningún mérito en conservar el buen humor. Por esto quiere Tapley abandonar la posada. Al caballero Tom Pinch le confiesa su intención de cambiar de empleo y hacerse "algo así como sepulturero".
"Sí, dijo Mark, es un buen oficio, húmedo y agusanado, y quizá pudiera haber en ello cierto mérito manteniéndose alegre con el espíritu ocupado por tales ideas, a menos, sin embargo, que no sean alegres todos los sepultureros (...) Existen otros oficios... Empleado de pompas fúnebres, evidentemente. Ahí habría tal vez algún mérito que adquirir... Un carcelero ve buen cúmulo de desgracias; un criado de médico; incluso un cobrador de impuestos debe, en ocasiones, sentirse algo herido en sus sentimientos. ¡Oh! son muchos los oficios en que creo podría hallar ocasiones..."
André Maurois detectó algo del propio Dickens en el alegre Tapley. En el transcurso de su infancia y juventud no escasearon las oportunidades de mostrarse confiado y casi feliz en circunstancias adversas, y quiso transmitir este espíritu en sus novelas. Cierto: incluso en las peores vicisitudes -y hay abundancia de ellas en sus novelas- hay tipos que no solo saben guardar la compostura sino que, por encima de todo, tratan de mantenerse joviales. Un ejemplo egregio: Mr. Micawber. Al fin y al cabo, la vida, piensa Dickens, no deja de ser un  espectáculo admirable.

Comentarios

  1. Pues me parece muy interesante su modo de ver la vida. Saludos!!

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  2. Una manera muy "dickensiana", efectivamente.
    Saludos.

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  3. Fue un buen mensaje el que dio, pues por ninguna razón hay que perder la habilidad de sonreir

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