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Elogio de Meléndez Valdés

 William Henry Hudson (1841-1922)

Meléndez, que era un trovador del siglo XVIII, ha sido tal vez el último de una larga lista de poetas que han cantado como nadie la purísima delicia de la vida en contacto directo con la naturaleza. Una parte de ese encanto se debe indudablemente a la belleza del idioma en que escribieron y a la libre y airosa gracia de los asonantes. ¡Qué sonido duro y artificial tiene a menudo el consonante, con su retintín a intervalos regulares, como el batir del martillo del herrero sobre un metal! En los géneros más libres de la poesía española hay innumerables versos que nos hacen considerar a los más dulces e inspirados de nuestros trovadores y a sus poesías, desde Herrick a Swinburne, duros y mecánicos en comparación con aquéllos. Pero hay algo más. En primer lugar, dudo mucho de que se justifique nuestro alarde tan frecuente de que el sentimiento hacia la naturaleza es más profundo en nuestros poetas que en los de otras naciones. Es posible que el exigente crítico científico no llegue a encontrar un solo error en la botánica y en la zoología de Tennyson, pero el amor a la naturaleza y ese sentimiento de sentirse identificado con ella pueden existir siempre sin aquella moderna y minuciosa exactitud. Sea como sea, no sería por cierto a Tennyson ni a ningún otro de nuestros poetas a quien llevaría yo a mi soñada cabaña solitaria para que me hiciese compañía espiritual.

(W. H. Hudson, Pájaros de la ciudad y la aldea, Santiago Rueda, Buenos Aires, 1946. Trad. de Federico López Cruz)

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"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Álvarez Flórez

Hace unos días me enteré, por el artículo publicado en El Periódico ("Muerte de un traductor", de Silvia Cruz Lapeña) de la muerte, a finales del pasado mes de abril, de José Manuel Álvarez Flórez. Había nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en 1939, aunque pronto se trasladó a Barcelona donde desarrolló durante décadas una ingente labor como traductor del inglés. A mediados de los años setenta se dio a conocer como narrador con Autoejecución y suelta de animales internos (Júcar, 1975) y  Girar de anarcos (Muchnik, 1981), dos novelas en la línea experimental en boga en aquela época. Más tarde publicaría El delirio de Conan y otros relatos (Muchnik, 1990).    Como traductor trabajó para varias editoriales, entre las que se cuentan, a parte de Muchnik, Acantilado y Anagrama. Tradujo a un gran número de autores: Faulkner, Scott Fitzgerald, Steinbeck, Capote, Doris Lessing, E. M. Foster, Vonnegut, Bukowsky, John Kennedy Toole, Le Carré, Oliver Sacks, Tom Wolfe, etc. La Bibli