Ir al contenido principal

Boswell en Königsberg

James Boswell ( 1740-1795)


En abril de 1784 James Boswell almorzó con Immanuel Kant en Königsberg. De la visita dio cuenta el propio Biswell en un pasaje de su diario, desconocido durante mucho tiempo y que no vio la luz hasta 1997 (hay reciente traducción al castellano de Miguel Martínez-Lage: James Boswell visita al profesor Kant, Ediciones La uÑa RoTa, 2012).

De camino a Königsberg en la diligencia del correo, el biógrafo del Dr. Johnson fue interpelado por dos mozos que "trabaron una disputa en torno a una curiosa cuestión, a saber, si era posible atravesar todos los puentes de la ciudad, pero pasándolos todos ellos tan solo una vez". El envite había sido zanjado bastantes años antes por el matemático Leonhard Euler, desmostrando que tal hazaña era imposible. Pero Boswell, ignorante de dicha resolución, declara más adelante como si tal cosa: "Tras varias circunvoluciones, todas inconclusas, por fin de una tacada crucé los nueve puentes, cumpliendo esta vez con las condiciones del problema y triunfando". En realidad, ni siquiera supo contar los puentes, pues el número correcto de puentes de Königsberg en aquellos días era de siete.
Sus grandes dotes de observación, sin embargo, brillan en la siguiente descripción física de filósofo: "El señor Kant es de pequeña estatura, extremadamente flaco, y tiene un hombro más alto que otro. Tiene la frente alta y despejada, y los ojos azules, grandes, en los que asoma una mirada melancólica, aunque su porte es vivaz, tanto que en nada recuerda al de un pensativo y apesadumbrado metafísico. No le sentaba bien la peluca, y de vez en cuando su criado se la enderezó. Tiene la nariz colorada y los dedos manchados de tabaco. Viste camisa de lino de un blanco purísimo. Vestía además una casaca de terciopelo amarillo, pantalón de seda negra ceñido a la rodilla y medias azules y zapatos de hebilla de plata. Habla en voz baja, pero le creo muy capaz de hablar ante una gran concurrencia".

Comentarios

  1. Uno, disciplinado, austero, frugal,capaz de elaborar una filosofía que ha alumbrado la teoría política de estos dos últimos siglos, desligada de la teología; el otro, pasional,inconstante, insatisfecho y magnífico escritor con una vida triste que buscaba el consuelo de lupanar en lupanar. Una pareja perfecta.

    ResponderEliminar
  2. No se lo que pensó Kant del encuentro, pero estoy por afirmar que se cayeron bien el uno al otro. Tal vez porque eran radicalmente distintos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.