Ir al contenido principal

Baron Corvo

The Desire and Pursuit of the Whole (New Directions, 1953)
(Diseño de la sobrecubierta de Andy Warhol)  


Frederick William Rolfe, más conocido en el mundo literario como Barón Corvo, nació en Londres en 1860. A los quince años abandonó el hogar y pasó nueve años ejerciendo de maestro y ejercitándose en la escritura, la pintura y la fotografía. Convertido al catolicismo, ingresó en un seminario con la intención de ser sacerdote, pero sus superiores, descontentos con su conducta excéntrica, lo rechazaron. Este hecho habría de afectarle por el resto de su vida. Pese a todo, su vocación de escritor no se ablandó, y en 1898 publicó el libro de relatos Stories Toto Told Me, que le dio a conocer en círculos literarios minoritarios. Sus obras posteriores, tales como Hadrian the Seventh (1904) o Don Tarquinio (1905) le dieron prestigio, pero no dinero. Vivía prácticamente de lo que le daban sus amigos, quienes a menudo tenían que soportar desplantes y censuras por su parte.
Con el tiempo su comportamiento extravagante e imprevisible fue en aumento, acabando por perder el favor de casi todas sus amistades. Hacia el final de su vida, sin embargo, un nuevo amigo le ofreció protección, llevándoselo a Italia por un mes. En Venecia Rolfe se encontró en su propia salsa y ya no se movería de allí. A. J. A. Symons, en la magnífica biografía En busca del barón Corvo (1934), relata su estancia veneciana en tonos patéticos, y prefiere pasar de puntillas por su controvertida y oscura vida privada. La mayor parte de su obra no vio la luz hasta después de su muerte, acaecida en 1913, mientras trataba de abrocharse un zapato.
Su novela El deseo y la búsqueda del todo, escrita entre 1910 y 1913, no se publicó hasta 1934, en edición limitada. En 1953 la editorial New Directions, dirigida por el poeta James Laughlin, la reeditó con una introducción de Symons y prefacio de Auden. La novela narra los sueños y pesadillas de Nicholas Crabbe, alter ego del autor y su amado Zildo, en realidad una muchacha de rasgos andróginos, sublimación de sus apetencias homosexuales. Pero el verdadero protagonista es la ciudad donde transcurre la novela, Venecia. Nunca antes la decadencia y podredumbre de la ciudad de los canales habían aparecido con tanta crudeza y belleza al mismo tiempo. La exquisita prosa de Rolfe es una exhibición de apasionado barroquismo, llena de deslumbrantes y recargadas imágenes. Las páginas finales en las que Crabbe, sin dinero y enfermo, deambula por las callejuelas de una fantasmal Venecia, son sencillamente estremecedoras. El delirio de un paranoico, Auden dixit.

Comentarios

Entradas populares

Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.