Ir al contenido principal

Wegener en España

Vicente Inglada Ors (1879-1949)

La primera noticia que se tiene en España de la teoría de la deriva continental de Alfred Wegener es un artículo, aparecido en 1922 en la revista Ibérica, titulado "Los continentes a la deriva", del que es autor Lucas Fernández Navarro (1869-1930), catedrático de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad de Madrid. Al año siguiente aparecería en la Revista de Occidente el artículo "La génesis de los continentes y los mares, según la teoría de Wegener", firmado por el geógrafo Juan Dantín Cereceda (1881-1943).
En 1922 se había publicado la tercera edición alemana de la obra de Alfred Wegener Die Entstehung der Kontinente und Ozeane, que ampliaba las dos primeras de 1915 y 1920, si bien la idea germinal había sido expuesta en 1912 en una reunión de la Sociedad Geológica Alemana. Es esta la edición que, con el título El origen de los continentes y océanos, fue traducida al castellano por Inglada Ors y publicada en 1924 por la Editorial Revista de Occidente.
El alicantino Vicente Inglada Ors fue Teniente Coronel de Estado Mayor e Ingeniero Geógrafo, profesor de Astronomía y Geodesia en la Escuela Superior de Guerra y Director de la Estación Central Sismológica de Toledo. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, y socio de la Real Sociedad Española de Historia Natural, es autor de varias publicaciones como La corteza terrestre (1923), La sismología. Sus métodos (1923), La prospección sísmica en España (1930), estudios sobre los terremotos del Bajo Segura de 1919 y el megasismo japonés de 1923, y sobre el cálculo de la profundidad del foco sísmico. Fue además un notable esperantista, autor de manuales como el Curso práctico de esperanto y el Vocabulario esperanto-español.

Comentarios

Entradas populares

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…