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Memorias de un exdemente

Clifford Wittingham Beers (1876-1943)

Durante varias semanas dormí apenas tres horas por noche sin mostrar casi signos de fatiga. Vastos proyectos tomaban forma en la mente... Después de haber estado dos años sin amigos, escribía ahora tantas cartas que, habiendo agotado el papel corriente, apelé al de envolver. Lo que yo decía ser una breve nota llenaba una tira de treinta centímetros de ancho por uno veinte de largo. Una carta completa requería nueve metros; el producto de tres días de actividad epoistolar no cabía en el corredor... Cubría una distancia de 30 metros.

(A Mind That Found Itself: An Autobiography, de Clifford W. Beers, 1908)

Comentarios

  1. Querido amigo. Estoy buscando un cuento en el que un bromista añade una cinta cada día más gruesa en el interior del sombrero de un individuo que acaba por suicidarse al creer que la cabeza le estaba creciendo de forma desmesurada. Comentaste que eras poseedor de varios volúmenes de la Enciclopedia Pulga y creo que en uno de ellos leí, en tiempos, esta historia. ¿González Ruano?

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  2. Amigo Ferrer: No recuerdo el cuento de que me hablas, pero buscaré entre mis "pulgas" por si lo encuentro. El cuento, desde luego, tiene su miga. Saludos.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).