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Lectores natos y mecánicos

Edith Wharton (1862-1937)

Leer no es una virtud; pero leer bien es un arte, un arte que sólo el lector nato puede adquirir. El don de la lectura no es ninguna excepción a la regla de que todos los dones naturales necesitan cultivarse mediante la práctica y la disciplina; pero si la aptitud innata no existe, la formación será inútil (...).
El lector mecánico considera que su deber es leer todos los libros de los que se habla, deber que hace menos pesado el hecho de que puede juzgar de antemano, por las dimensiones materiales de cada libro, cuánto espacio ocupará en su cabeza: no hay necesidad de ampliarlo. Para el lector mecánico, los libros, una vez leídos, no son cosas que crecen, echan raíces y tienen ramas que se entrelazan, sino que son como fósiles etiquetados y guardados en los cajones del armario de un geólogo: o, mejor dicho, como prisioneros condenados de por vida a un confinamiento solitario. Para una mentalidad de este tipo, los libros nunca hablan entre sí.

(El vicio de la lectura, de Edith Wharton. José J. de Olañeta, Editor, 2011)

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