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Grimes

El tenor Stuart Skelton en el papel de Peter Grimes
(Teatro Campoamor, Oviedo)


Tal día como hoy de 1832 moría en Trowbridge, lejos de su natal Suffolk, el reverendo George Crabbe. En 1810 Crabbe había publicado El burgo, un largo poema en forma de "cartas" en el que se incluye "Peter Grimes", que inspiró a Benjamin Britten su ópera homónima, estrenada en 1945. Precisamente ayer asistí en el Teatro Campoamor de Oviedo a la representación de esta ópera. Fue una función redonda, con todos los elementos involucrados -desde los cantantes a la orquesta, desde el coro a la dirección escénica- rayando a gran altura.
Peter Grimes es un personaje atormentado por la culpa. En su poema Crabbe no se detiene en analizar los motivos de su comportamiento brutal para con sus jóvenes aprendices, sino que carga el peso de la narración en el opresivo ambiente físico y social del pequeño puerto de mar donde transcurre la acción. Britten, por su parte, a través del libretista Montagu Slater y sin dejar de aludir a los devastadores efectos de la murmuración e incomprensión de los vecinos, trata de ahondar en las razones íntimas de su violencia y lo convierte en una especie de pederasta incomprendido. El conflicto, en todo caso, tiene mala solución. Como canta Grimes al final de la obra, al borde de la locura y antes de adentrarse en el mar con su barca en un último viaje, "El agua se beberá sus penas y las mías, y la marea cambiará".

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