Ir al contenido principal

En el paraíso

Una "cortesana" de Tahití (Foto tomada de Paradisos oceànics)

Aurora Bertrana es un rara avis dentro de la literatura catalana. En 1926, con treinta y cuatro años se casa en Ginebra con Denis Choffat y ambos parten hacia la Polinesia francesa en busca de nuevos horizontes. Sus impresiones sobre su estancia de tres años en las islas de la Sociedad constituyen su libro Paradisos oceànics (Badalona, 1930) que ella misma tradujo al castellano como Islas de ensueño (Barcelona, 1933).
En el libro Bertrana no habla de su marido, pero en cambio da rienda suelta a las sensaciones que le produce el archipiélago: sus gentes, su paisaje, su cultura y sus costumbres. La cálida y sensual naturaleza de Tahití, Moorea y Bora-Bora excitan sus sentidos. Los colores y las luces tropicales, le deslumbran hasta hecerle decir que "es aquí donde yo querría un día morir". Le seduce la belleza de las vahinés, como la "cortesana" Turei, que "lleva el sol dentro de la piel; el coral no es más firme que sus labios, ni las perlas más blancas que sus dientes".
En una visita a la isla de Raiatea conoce al escritor norteamericano Zane Grey, famoso por sus novelas del oeste y gran aficionado a la pesca. Pero más que un encuentro es un desencuentro. El escritor viaja acompañado de un nutrido séquito. Tres camarógrafos le acompañan para rodar un documental por las islas. Parece distante y pagado de sí mismo. Bertrana es invitada a una fiesta en su yate y el anfitrión le regala una foto con su autógrafo. "Yo hubiese querido entrevistarle, pero no hubo manera de entenderse", dice.

Comentarios

  1. Sabia cortesana... Se entiende que una mujer occidental admirara ese sol dentro de la piel, pero es posible que no haya entendido la esclavitud de la hermosa vahiné.

    ResponderEliminar
  2. De hecho, lo que Bertrana más admiraba en las vahinés y en los nativos de la Polinesia en general era que el sexo se aceptaba como algo de lo más natural. Vio cómo se paseaba Turei con sus cuatro hijos, y nadie por ello la señalaba con el dedo. Que, además, había una esclavitud más o menos aceptada respecto al hombre blanco, creo que tampoco se le escapó a su mirada.

    ResponderEliminar
  3. Hola,
    Estamos viajando por Marruecos y leyendo el libro de Aurora Bertrana, El Marroc Sensual i Fanàtic (1936),estamos buscando fotos del viaje de la escritora, ya que viajaba con una Kodak, y no hemos encontrado más que una o dos fotos... y nos hemos encontrado con tu Blog.
    Quizás tú puedas ayudarnos a buscar.
    Saludos,
    Albert Prat y Jordi Pedrosa

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.