Ir al contenido principal

Darwinia


En 1912 Europa y sus habitantes desaparecen y en su lugar emerge una tierra extraña cubierta por espesas junglas y con plantas y animales salidos de otra evolución: pinos salvia, árboles mezquita, serpientes de pelo, corretocones, moscas toro... Es lo que las crónicas llaman el Milagro, o también la Conversión de Europa. El escritor Edgar Rice Burroughs describiría en El reino perdido de Darwinia este continente como una "antigua tierra perdida llena de dinosaurios, nobles salvajes y una colonia de malvados junkers para gobernarlos".
Una expedición decide adentrarse en un rincón remoto del continente para explorar sus ignotas tierras. Al mando de la expedición se halla el naturalista Preston Finch, autor de Geognosia diluviana y noachiana, un tratado de carácter creacionista y cataclismático. Para Finch, algunos rasgos antiguos de la Tierra no serían más que "creaciones anteriores, dotadas por su Autor con la apariencia de una determinada edad", lo que coincidiría con las ideas expresadas en su día por el escritor inglés Philip Henry Gosse.
Robert C. Wilson imaginó este nuevo escenario en Darwinia (1998), una de las novelas de ciencia ficción más imaginativas de los últimos años, en el que un inesperado evento geológico, a escala planetaria, alumbra un mundo alternativo ún más extraño e inquietante que el actual.

Comentarios

  1. Lupo Ayllán y Sus Dementes15/10/11 13:20

    ¡ se acordó ! Sabía que era usted hombre de ciencia y de palabra .
    Corro a la biblioteca enarbolando este post . Napoleón , el bordeLaing que la custodia , sólo permite préstamos mediante presentación de avales e informes . Ni Eco ciego de mescalina se imaginaría lo que es la biblioteca de un frenopático .
    Gracias , Dr .

    ResponderEliminar
  2. De nada, Lupo. Que le aproveche la lectura.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).