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Alfieri

Retrato de Vittorio Alfieri, por François-Xavier Fabre

Vittorio Alfieri (1749-1803) redactó un diario de noviembre de 1774 a febrero de 1775 y, después de un intervalo, de abril a junio de 1777. El primero fue escrito en francés, la lengua más familiar al poeta; el último en italiano. Son las únicas páginas diarísticas que se han conservado y se publicaron por primera vez en 1861 con el título de Giornali, en una edición incompleta a causa de la censura.
Los diarios nos muestran al joven Alfieri en uno de los períodos más intensos de su vida, con grandes aspiraciones de triunfo. Escribe la tragedia Cleopatra y espera con ella conquistar el favor del público. Son momentos de maduración como hombre y como escritor, de grandes anhelos y temores de no poder alcanzar los ambiciosos objetivos que se había impuesto.
Lo interesante de estos diarios es que, al no ser pensados para su publicación, permiten a su autor ciertos desahogos íntimos que de otra manera hubieran quedado ocultos. Ellos nos ilustran muy bien acerca de la batalla interna que en aquellos días estaba librando Alfieri entre una vida mundana y un tanto ociosa y un genio creativo ansioso por darse a conocer.
En la entrada correspondiente al lunes 26 de noviembre de 1774, leemos: "Me despierto a las ocho. La primera idea que habitualmente me viene a la mente es la dama de la que he hablé ayer, y es esto lo que me hace creer, a pesar de mi filosofía, que no estoy del todo curado... La melancolía, el tedio y un poco de libertinaje me retienen hasta el mediodía... A la una me visto para el almuerzo. Ignoro si es la ternura la que engendra la melancolía o la melancolía la ternura, ya que la una no viene nunca sin la otra: permanezco tierno y triste hasta las cuatro (...) Al volver a casa he consultado el libro de gastos diarios: tengo la enfermedad de los nobles decadentes, de vivir fastuosamente con el menor dispendio posible. Mi avaricia está subordinada a mi ambición; me aprecio poco durante el día, pero por la noche, en cuanto tengo la pluma en la mano, creo valer algo."

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

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