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Turismo confidencial

Prosper Mérimée (1803-1970)

Prosper Mérimée era un enamorado de España, viajó por el país en siete ocasiones y dejó algunas páginas memorables de la literatura de viajes. Ahora bien, fuera de su vertiente pública de viajero romántico y estudioso hispanista hay un aspecto privado menos conocido pero no menos interesante. En una carta a su amigo Stendhal, fechada el 30 de abril de 1835, Mérimée se atreve, con su experiencia, a darle algunos consejos:
"Valencia es, sin discusión alguna, después de Madrid y de Cádiz, la ciudad que yo escogería para vivir... Por una piastra tenía alojamiento (aunque malo, ciertamente), desayuno, comida y cena. Por una piastra puedes tener también una chica de quince años muy bonita. Aquí hay tantas alcahuetas como quieras. Por un doblón tienes una virginidad garantizada (...) Pasé veintiún días en Valencia sin aburrirme, pero es que eché una treintena de polvos (...) Resumiendo, yo me iría a Valencia. Una vez instalado en la ciudad pediría un permiso para ir a pasar dos o tres meses a Madrid (el viaje dura tres días). Si tienes mucho interés en hablar con personas inteligentes, pide Barcelona."
(En Guia literària de Catalunya, de Ricard Vela, Àtic dels Llibres, Barcelona, 2011)

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Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).