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Carmen Kurtz

Carmen Kurtz (1911-1999)

El pasado 15 de septiembre se cumplieron cien años del nacimiento de la escritora Carmen Kurtz.
Nació en Barcelona y su verdadero nombre era Carmen de Rafael Marés. A los 23 año se casa con el alsaciano Pierre Kurtz y se marcha a vivir a Francia. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial Kurtz es llamado a filas. Carmen envía a su hija a España y entra a trabajar en el consulado español. Kurtz es hecho prisionero y liberado en 1942. Al año siguiente regresan a España. En 1957 Carmen se separa de su marido.
Sus peripecias personales durante la guerra constituyen la base autobiográfica sobre la que construye su primera novela, Duermen bajo las aguas, con la que gana en 1954 el premio Ciudad de Barcelona. La novela se publicaría al año siguiente. En 1956 consigue el premio Planeta con El desconocido. Con posterioridad, y hasta los años setenta, alterna la publicación de novelas con la literatura infantil, género en el que obtuvo también varios premios.
Las novelas de Carmen Kurtz suelen tener un marcado componente de crítica social, en especial hacia los comportamientos, convencionalismos y mentalidad de la burguesía de la postguerra civil. Su tratamiento de ciertos temas polémicos -como la prostitución o la pena de muerte- es de una apertura bastante insólita para la época, siempre bajo una mirada puesta en la comprensión y el mejoramiento de las circunstancias sociales.
En el inicio de su primera novela leemos: "Allá en el fondo todas las palabras que dijimos y de las cuales ya no guardamos recuerdo, duermen bajo las aguas. Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote..." También duermen hoy en día bajo las aguas las obras de Carmen Kurtz. Ojalá salgan de nuevo a flote.

Comentarios

  1. Para mencionar su traducción del Viaje al Fin de la Noche de Celine, que me sirvió de puerta para luego leerla, buscando acaso, inútilmente, reminiscencias del escritor francés. Pero buena narradora. David M.V.

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  2. Sí, me faltó mencionar su labor de traductora, nada despreciable por cierto.

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