Ir al contenido principal

W. E. Henley

William Ernest Henley (1849-1903)
(Fotografía de William Nicholson)

W. E. Henley ocupa entre los amigos de Robert L. Stevenson un lugar preferente. Su correspondencia es, tras la de Sidney Colvin, la más abultada; colaboraron juntos en obras teatrales, intercambiaron confidencias y se hicieron favores mutuos. Tal parecía que su amistad habría de durar para siempre, pero no fue así.
Stevenson conoció a Henley en el invierno de 1875, cuando Leslie Stepheen (el padre de Virginia Woolf) le llevó a la Enfermería Real de Edimburgo, donde aquel se reponía de una amputación del pie. Era de apariencia robusta, pelo rojo, voz cavernosa y reconocido mal genio. Al andar manejaba con soltura la muleta, y no tenía escrúpulos a la hora de emplearla contra quien se terciara. Según palabras de Stevenson, "fue la visión de su lisiada fuerza y maestría lo que engendró al Long John Silver de La isla del tesoro". (En realidad no solo él inspiró un personaje literario, también su hija, fallecida trágicamente, fue el modelo para la Wendy de Peter Pan, de James M. Barrie).
Henley fue un hombre generoso con sus amigos y, en opinión de E. V. Lucas, uno de los grandes conversadores de su tiempo; aspecto éste corroborado por el propio Stevenson en un ensayo sobre el tema ("Talk and Talkers", incluido en Memories and Portraits), donde Henley es llamado Burly. Tenía sus filias yu sus fobias muy marcadas y mantenía sus puntos de vista con vehemencia, encontrándose tan a gusto defendiendo como atacando.
La amistad entre Henley y Stevenson empezó a resquebrajarse cuando éste decidió irse a California para encontrarse con su futura esposa, y se rompió definitivamente cuando marchó para instalarse en Samoa. Lo cierto es que Henley nunca se llevó bien con Fanny Stevenson. Incluso la acusó de plagio.
Fue un final triste para una vieja amistad. En diciembre de 1901 Henley publicó en el Pall Mall Magazine un artículo sobre su amigo ya fallecido. El frío y cortante inicio ya lo dice todo: "Para mi hubo dos Stevensons: el Stevenson que se fue a América en el 87; y el Stevenson que nunca regresó. Al primero le conocí, y le quise; al otro dejé de tratarle y, aunque le admiraba, no le tenía en gran estima".

Comentarios

Entradas populares

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

El Centauro

Maurice de Guérin, nacido en 1810 en el castillo albigense de Caylar, en Andillac, y muerto en el mismo lugar poco antes de cumplir los veintinueve años, es uno de los más exquisitos poetas románticos franceses. Su obra, póstuma, es tan breve como corta fue su vida. Jules de Goncourt dijo que entre los poetas modernos solo Maurice de Guérin hizo el hallazgo de una lengua para hablar de los tiempos antiguos. También fue elogiado, entre otros, por Sainte-Beuve, Remy de Gourmont, Rilke y Mauriac.
En julio de 1954 se publicó en Albi (Tarn), en la Imprimerie Coopérative du Sud-Ouest, un librito de 44 páginas, en octavo, con su poema en prosa más celebrado, "Le Centaure", en el que un viejo compañero de Quirón, llamado Macareo, expone al adivino Melampo sus pensamientos sobre el paso del tiempo y evoca con nostalgia su vigorosa juventud. El poema fue dado a conocer por George Sand en 1840 en la Revue des Deux Mondes. 
La edición incluye, además del texto original, la traducción …