Ir al contenido principal

Anatole Broyard

Anatole Broyard (1920-1990)

"Recordando ahora las postrimerías de la década de los cuarenta, me da la impresión de que los ciudadanos de los Estados Unidos se enfrentaban a la soledad por primera vez. La soledad era como la mañana después de la guerra, como una resaca descomunal. La guerra había cortado el ritmo existencial del país y cuando intentamos recuperarlo no lo encontramos en ningún lugar: ya no estaba. Era como si una bomba enorme, una explosión de consciencia, hubiese estallado en medio de la vida del país y lo hubiese destrozado todo. Antes de aquella fecha estábamos demasiado ocupados en tirar para adelante, éramos demasiado convencionales para sentirnos solos. El mundo era más pequeño y nosotros lo llenábamos todo."
Con estas palabras del libro autobiográfico Kafka Was the Rage (1983), Anatole Broyard trata de reflejar el estado de ánimo de muchos jóvenes como él a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta. En el citado libro (hay versión catalana: Quan Kafka feia furor. Records del Greenwich Village, Editorial 3i4, 2011) Broyard rememora la vida en el neoyorquino Village, dejándonos un documento de primera mano acerca de la efervescencia cultural y peripecias vitales de algunos de los muchos aspirantes a artistas o escritores que poblaban los míseros apartamentos y sótanos del barrio.
Nacido en Nueva Orleans, Anatole Broyard escribió relatos y ensayos en revistas y fue crítico literario de The New York Times durante dieciocho años. En Kafka Was the Rage rememora sus relaciones amorosas con Maya Deren, considerada como la pionera del cine underground en EE.UU., y la pintora Sheri Martinelli, protegée de Anaïs Nin. Nos deja asimismo algunos magistrales retratos de conocidos personajes del mundillo literario, como Delmore Schwarz, Milton Klonsky o Dylan Thomas. Impagable la escena en la que Broyard acompaña a Schwarz, Clement Greenberg y Dwight MacDonald al Park Plaza, un salón de baile en el Spanish Harlem donde tocan ritmos latinos. ("Mientras los observaba, lo que más me llamó la atención fue la reacción de Delmore, porque tenía aquella cara tan alargada. Miraba a los bailarines con una inteligencia terrorífica... pero el intelecto le rebotaba contra ellos como alguno que intentara abrirse paso a la fuerza por la pista de baile...")

Comentarios

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta