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El borametz

Ilustración del borametz o cordero vegetal
(The Travels of sir John Mandeville, Dover Publications, 1964)

Extraña criatura, el borametz. Híbrido de vegetal y animal, desde la antigüedad numerosos viajeros han mencionado la existencia del llamado cordero vegetal, cordero de la Tartaria, agnus Scythicus o borametz (en ruso, cordero). Jean de Mandeville lo sitúa en las montañas caspianas. Otros viajeros posteriores, de viaje por Rusia, como Sigismund von Herberstein, a principios del siglo XVI, y Adam Ölschläger u Olearius, en la siguiente centuria, también hablan de esta curiosa planta-animal, de raras virtudes curativas. Éste último describe así al intrigante borametz:
"On nous assura qu'auprès de Samara, entre le Volga et le Doa, il se trouve une sorte de melons, ou plutost de citrouilles, faite comme un agneau, dont ce fruit représente tous les membres, tenant à la terre par la souche que lui sert de nombril. En croissant il change de place, autant que sa souche le lui permet, & fait sécher l'herbe partout vers où il se tourne..." (A. Olearius, Voyages en Moscovie, Tartarie et Perse, Paris, 1656).

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).