Ir al contenido principal

La señora Stevenson

El señor y la señora Stevenson en el puente del "Janet Nichol"
(The Cruise of the "Janet Nichol", de Mrs. Robert Louis Stevenson)

Robert Louis Stevenson conoció a Fanny Osbourne en el verano de 1876. Era diez años mayor que él, estaba casada y tenía dos hijos. Stevenson se enamoró perdidamente de ella. Fueron amantes; y en 1880, un vez ella obtuvo el divorcio, se casaron en San Francisco. Diez años después, habiéndose comprado casa en Samoa, y mientras se desbrozaban las tierras, el matrimonio decidió emprender un viaje en el "Janet Nicoll", un carguero bastante cascado, lleno de cucarachas y ratas blancas. Partieron de Sidney en abril de 1890 y tardaron tres meses y medio en volver al puerto de partida. El trayecto, bastante errático, incluyó varios archipiélagos y treinta y tres escalas: desde la lejana Penrhyn hasta el grupo de las Marshall, pasando por Tokalau, Ellice y Gilbert.
El diario de este viaje, escrito por la Sra. Stevenson, se titula The Cruise of the "Janet Nichol" Among the South Sea Islands (1914). Al margen de equivocar el nombre del barco, se trata de un documento extraordinario y fidedigno; una obra nada desdeñable, menos "literaria" que En las islas del Sur, de RLS, pero no menos auténtica. Fanny escribió el diario como "refuerzo, para cuando mi marido se quede atrás con el suyo y le falle la memoria", así que se limita a anotar día por día cuanto hacen y ven, sin obviar el lado menos idílico de aquellas semisalvajes islas: atraso, violencia y enfermedades (el sarampión causaba estragos y los casos de lepra y elefantiasis eran frecuentes).
Islas casi desiertas, como Quirós, Danger o Savage, donde los escasos blancos -misioneros, traders- se enfrentan a la soledad y al aislamiento, siempre pendientes de la arribada de barcos; ansiosos de tabaco, cuyo posesión es más valorada que el oro. Islas cuya única riqueza, si es que tienen alguna, es la copra; con déspotas reyezuelos recelosos de los papalagi (extranjeros), o tan generosos como para entregar a buques de bandera peruana a casi todos los hombres disponibles para llevárselos como esclavos.
Pero además Fanny Stevenson nos ofrece una visión inédita y cercana de su marido. Nos presenta a Louis -ella siempre le llama así- haciendo fotografías a los tripulantes y pasajeros del barco; escuchando historias de naufragios y beach-combers; jugando al ajedrez con el capitán; cantando a un grupo de niñas canacas; dictando a su hijastro Lloyd, que utiliza la máquina de escribir; rompiendo con un martillo pedazos de arrecife para ver lo que hay dentro...
Fanny Stevenson era una mujer culta, inteligente, con gran don de gentes. Fumaba cigarrillos que ella misma liaba. Escribió varios relatos cortos y su juicio crítico era tenido en cuenta por Stevenson. En los últimos años padeció de los "nervios", lo que dificultó la convivencia conyugal. Murió en 1914. Sus cenizas reposan junto a las de su esposo, en la tumba de Vailima, al pie del monte Vaea. En una placa se hallan inscritos estos versos que le dedicara RLS:

Maestra, amorosa amiga, esposa,
auténtica compañera en el viaje de la vida.

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?