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Ifigenia, según Jovellanos

Portada de la traducción de la Ifigenia de Racine por Jovellanos

El último número de Cuadernos de Estudios del Siglo XVIII, que edita el Instituto Feijoo del
Siglo XVIII, es un monográfico dedicado a la traducción al español de la Iphigenia, de Jean Racine, realizada por Gaspar Melchor de Jovellanos en 1769, "para uso de los Reales Sitios", como reza la portada del manuscrito conservado en la biblioteca del monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla.
El citado número monográfico, coordinado por Inmaculada Urzainqui, contiene, además de la edición crítica de la tragedia traducida por Jovellanos, una serie de artículos hechos por especialistas. Así, el recientemente fallecido René Andioc firma el estudio introductorio y la edición crítica; Farncisco Lafarga da cuenta de la traducción de tragedias francesas; Josep Maria Sala Valldaura analiza la Ifigenia dentro de la tragedia del siglo XVIII; Ana Cristina Tolivar Alas sigue la pista al documento encontrado en el monasterio de San Millán de la Cogolla; y Noelia García Díaz repasa las ediciones, traducciones y bibliografía del teatro de Jovellanos.
Una versión corregida de esta traducción, supuestamente hecha por Cándido María Trigueros con el título de Ifigenia en Aulide, fue puesta en escena en el teatro del Príncipe de Madrid en 1788. La representación estuvo a cargo del primer galán Antonio Robles en el papel de Aquiles; la sobresalienta Victoria Ferrer en el de Ifigenia; y la primera dama María del Rosario Fernández, alias la Tirana, en el de Clitemnestra. La obra, como recuerda Andioc, no fue un fracaso pero tampoco un éxito. Eso sí, las furiosas imprecaciones de la Tirana fueron muy celebradas por el distinguido público que asistió a la función.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).