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Berbiguier

Monsieur Berbiguier asediado por los duendes

Alexis-Vincent-Charles Berbiguier de Terre-Neuve du Thym (1765-1851) tuvo en vida un grave problema: veía duendes por todas partes y éstos no le dejaban en paz.
Sus cuitas y batallas con los duendes las cuenta Berbiguier en Les farfadets, ou tous les démons ne sont pas de l'autre monde, publicado en París, en tres tomos, entre 1818 y 1820. Es uno de los libros autobiográficos más alucinantes que se hayan escrito. A lo largo de sus páginas Berbiguier, autonombrado "azote de los duendes", nos cuenta su vida constantemente hostigada por estos seres diabólicos, enviados por Belcebú para fastidiarle.
Berbiguier solo temía más a las mujeres que a los farfadets, y en el capítulo 68 de su libro nos recuerda que una vez una señorita -sin duda un duende travestido en fémina- le embrujó tocándole tan solo los dos muslos con sus manos. A este respecto el Diccionario infernal de Collin de Plancy dice:
"Pero si Mr. Berbiguier no ama a las mujeres, quiere mucho a su ardilla, pues cuenta que un día la pobre, perseguida por los duendes, se refugió debajo de su birrete de algodón, y cree que se llegará a decir Berbiguier y su ardilla, así como se dice san Roque y su perro, tanto más cuanto dicha ardilla muere en el capítulo 16 del tomo 2º asesinada por los duendes, porque en el capítulo 11 Berbiguier les había impedido turbar la fiesta real del año 1818."

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"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
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Incierta Fritillaria

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