Ir al contenido principal

Berbiguier

Monsieur Berbiguier asediado por los duendes

Alexis-Vincent-Charles Berbiguier de Terre-Neuve du Thym (1765-1851) tuvo en vida un grave problema: veía duendes por todas partes y éstos no le dejaban en paz.
Sus cuitas y batallas con los duendes las cuenta Berbiguier en Les farfadets, ou tous les démons ne sont pas de l'autre monde, publicado en París, en tres tomos, entre 1818 y 1820. Es uno de los libros autobiográficos más alucinantes que se hayan escrito. A lo largo de sus páginas Berbiguier, autonombrado "azote de los duendes", nos cuenta su vida constantemente hostigada por estos seres diabólicos, enviados por Belcebú para fastidiarle.
Berbiguier solo temía más a las mujeres que a los farfadets, y en el capítulo 68 de su libro nos recuerda que una vez una señorita -sin duda un duende travestido en fémina- le embrujó tocándole tan solo los dos muslos con sus manos. A este respecto el Diccionario infernal de Collin de Plancy dice:
"Pero si Mr. Berbiguier no ama a las mujeres, quiere mucho a su ardilla, pues cuenta que un día la pobre, perseguida por los duendes, se refugió debajo de su birrete de algodón, y cree que se llegará a decir Berbiguier y su ardilla, así como se dice san Roque y su perro, tanto más cuanto dicha ardilla muere en el capítulo 16 del tomo 2º asesinada por los duendes, porque en el capítulo 11 Berbiguier les había impedido turbar la fiesta real del año 1818."

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?     

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori