Ir al contenido principal

Erasmus Darwin

"Esquema de una supuesta sección de la Tierra con respecto
a la disposición
de sus estratos, sin tener en cuenta sus proporciones o número"
(Erasmus Darwin, The Economuy of Vegetation, nota XXIV)

Erasmus Darwin (1731-1802) fue, además de abuelo de Charles Darwin, un hombre genial. Médico de profesión, perteneció a la Lunar Society de Birmingham, una de los motores intelectuales de la Revolución Industrial en Inglaterra. Tuvo estrechas relaciones con eminentes personalidades como Franklin, Wedgwood, Priestley o Watt. Inventó ingeniosos artilugios mecánicos, entre ellos una máquina parlante. Su tratado médico Zoonomia (1794-1796) le catapultó a las más altas cimas de su profesión. En The Temple of Nature (1803) anticipa la evolución biológica al plantear el desarrollo de la vida en nuestro planeta, desde los seres microscópicos de los mares primitivos a los humanos, pasando por peces, anfibios y reptiles.
Hacia el final de su vida alcanzó fama de gran poeta con sus largos poemas didácticos, como The Botanic Garden, que fueron muy leídos en su tiempo e influyeron en poetas como Blake, Wordsworth, Coleridge o Shelley. Era una persona de gran vitalidad, extremadamente amigable y con gran sentido del humor. Tuvo dos esposas y catorce hijos. Era tan obeso que tuvieron que hacer un semicírculo en la mesa del comedor para que pudiese sentarse cómodamente.
Sus conocimientos enciclopédicos abarcaban varias ramas del saber: física, química, meteorología, biología, geología... En esta última faceta Erasmus Darwin aprendió mucho de sus amigos geólogos, especialmente de James Huttton. En una nota de The Economy of Vegetation (1792), segunda parte de The Botanic Garden, ofreció Darwin su idea de la estructura de la Tierra, no muy alejada del pensamiento dominante en su tiempo. A saber: un núcleo supuestamente formado por lava en un estado semifluido bajo diversos nombres, granito, pórfido, basaltos... Sobre este núcleo, una vez cubierto por el océano, se irían formando los sucesivos lechos de calizas, arcillas, areniscas y otras rocas estratificadas. Los volcanes se encargarían de expeler al exterior la lava fundida por los fuegos centrales. Fuegos que, hace mucho tiempo, habrían reventado dando lugar a islas, continentes y arrojando al espacio lo que luego sería Luna. (Hipótesis esta última, la del origen de nuestro satélite por "fisión" de la Tierra, que sería más tarde retomada y puesta al día por su bisnieto Darwin).

Comentarios

  1. Una influencia sobre Shelley que se extendería a Mary Shelley y su Frankenstein, al menos según Maurice Hindle (Penguin Classics, 1985). Lástima que la inútil polémica de las dos culturas a mediados del siglo XX nos haya privado de la fructífera relación ciencia-filosofía natural-arte de la Inglaterra "gótica" de 1790/1820.
    Por cierto que el diagrama me recuerda al mapa de gravedad terrestre en forma de patata que anuncian ahora como lo último.
    Casualidades/causalidades

    ResponderEliminar
  2. En la Ilustración todavía encontramos, con naturalidad, mentes preclaras a la vez científicas y humanísticas. Esto se rompe en el siglo XIX. Creo que con ello hemos perdido sobre todo curiosidad.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Lupo Ayllán y Sus Dementes28/4/11 11:56

    Buenas Dr. Alguien se dejó olvidado en la sala de visitas Ararat , de Frank Westerman . Lo estoy disfrutando como un loco ( sic ) , quizá la curiosidad no se halla perdido tanto . ¿ Para cuando la reseña de Robert C. Wilson ? No lo digo con ánimo inquisitorio , sólo curiosidad.

    ResponderEliminar
  4. No he leído Ararat de Frank Westerman, pero tomo nota. En cuanto a Robert C. Wilson leí Darwinia pero ahora no tengo a mano el libro. A ver si lo retomo en el verano.

    ResponderEliminar
  5. Anónimo5/6/14 11:27

    Erasmus Darwin para sus investigaciones se inspiro en Jean Baptiste Lamarck pero lamar a quien siguio porque publico investigaciones con teorias de otras oersonas

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
No es el famoso autor de novelas como De aquí a la eternidad o Como un torrente un nombre que se suela asociar a los hechos de mayo de 1968. No obstante, fue uno de los pocos escritores norteamericanos que, a poco de suceder los hechos, decidió novelarlos. (Otro autor fue su compatriota Frank Y…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.