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El hombre que enamoraba a todo el mundo

Fíjémonos en el retrato: rostro alargado, cabello largo, bigote con las guías caídas, postura estudiadamente distendida y algo cansada... Podría pasar por Robert Louis Stevenson, pero no lo es. Es su amigo, colega y primo lejano Andrew Lang (1844-1912).
Lang es un escritor escocés cuyo nombre sobrevive hoy en día gracias sobre todo a sus encantadores cuentos de hadas. Su obra, sin embargo, es cuantiosa y variada. Lang fue narrador, poeta, folklorista, historiador, biógrafo y crítico. Algunos de sus ensayos literarios los reunió en Adventures Among Books (1905), donde viene inserto el referido grabado, copia del cuadro que le hizo el pintor William Blake Richmond, que también retrató a Stevenson. En este libro se encuentra, además, una de las semblanzas más sentidas que se hayan dedicado a RLS.
En "Recollections of R. L. Stevenson" Lang hace un ejercicio de honradez y sinceridad al hablar de su paisano. En vez de colgarse medallas, como hicieron algunos interesados tras su muerte, reconoce, para empezar, que nunca formó parte de su círculo íntimo de amistades, como lo fueron Charles Baxter, Sidney Colvin, Edmund Gosse o W. E. Henley. Ambos recorrieron en su niñez los mismos escenarios edimburgueses, pero no se conocieron personalmente hasta 1873, en Menton, en el sur de Francia, adonde habían ido por motivos de salud. Lang recuerda que Stevenson llevaba entonces un sombrero tirolés.
"El Sr. Stevenson -nos dice Lang en su ensayo- poseía, más que ningún otro hombre que haya conocido nunca, el poder de que otros hombres se enamoraran de él. Quiero decir que excitaba apasionada admiración y afecto, tanto que creo en verdad que había hombres celosos del lugar que ocupaban otros en su estimación." Y termina su remembranza con las siguientes palabras: "No he conocido ningún hombre en quien las preeminentes virtudes viriles de amabilidad, coraje, simpatía, generosidad y entrega, fueran más hermosamente destacables que en el Sr. Stevenson; ningún hombre tan amado -no es palabra demasiado fuerte- por tanta y tan variada gente. Él era tan excepcional en carácter como en genio literario."
Después de esta declaración de amor de alguien que le conoció en vida no es de extrañar que algo de esta subyugante y querible personalidad se transmita igualmente al lector de sus obras. Fernando Savater escribió un libro titulado Amor a R. L. Stevenson. Entiendo y comparto el título. Entre los escritores preferidos de uno solo unos pocos son merecedores de un título semejante. No me imagino, por ejemplo, escribiendo Amor a Jorge Luis Borges, a pesar de admirarle, incluso venerarle. Pero quererlo es otra cosa; es un sentimiento reservado en exclusiva a los elegidos. Por cierto, Borges amaba a Stevenson.

Comentarios

  1. Creo a pies juntillas que es así, no conocía el libro de Lang ni la opinión sobre RLS, pero hace años cuando leí El club de los suicidas y El diamante del Rajá, sentí que el magnetismo del escritor me alcanzaba.

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  2. Magnetismo: esa es un buen concepto para definir la escritura de Stevenson.

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

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FINAL

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