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Elefante blanco


El rey de Siam, como otros soberanos de la India Transgangética, ostenta, entre otros títulos, el de señor del Elefante Blanco.
Al elefante blanco se le venera con toda la magnificiencia asiática. Los personajes más importantes se ocupan de que nada le falte; sus arreos, constelados de perlas y otras pedrerías, brillan al sol en los actos solemnes, y jamás se le ve en público sin que vaya precedido por una banda escogida de música y escoltado por una guardia de honor. Luce en sus colmillos unos anillos con campanillas de oro. Una cadena de mallas del mismo metal, finamente tejida, cubre su cabeza, y sobre el lomo y encima de una gualdrapa ricamente bordada va un cojín de terciopelo. Marcha bajo espléndido y espacioso palio y le preceden unos servidores, portadores de parasoles. Alojado en lujoso aposento, se le sirve su cotidiano yantar en vajilla de oro.
Los elefantes blancos llevan todos el título de reyes, y como a tales se les tributan honores. Cada uno de ellos tiene un nombre o apodo, alusivo generalmente a su belleza, tamaño u otras características que le distinguen.

(El elefante en la ciencia, la mitología, la tradición y la historia. Discurso del académico numerario Excmo. Sr. Duque de Medinaceli. Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1941)

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

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El Centauro

Maurice de Guérin, nacido en 1810 en el castillo albigense de Caylar, en Andillac, y muerto en el mismo lugar poco antes de cumplir los veintinueve años, es uno de los más exquisitos poetas románticos franceses. Su obra, póstuma, es tan breve como corta fue su vida. Jules de Goncourt dijo que entre los poetas modernos solo Maurice de Guérin hizo el hallazgo de una lengua para hablar de los tiempos antiguos. También fue elogiado, entre otros, por Sainte-Beuve, Remy de Gourmont, Rilke y Mauriac.
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La edición incluye, además del texto original, la traducción …