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Elefante blanco


El rey de Siam, como otros soberanos de la India Transgangética, ostenta, entre otros títulos, el de señor del Elefante Blanco.
Al elefante blanco se le venera con toda la magnificiencia asiática. Los personajes más importantes se ocupan de que nada le falte; sus arreos, constelados de perlas y otras pedrerías, brillan al sol en los actos solemnes, y jamás se le ve en público sin que vaya precedido por una banda escogida de música y escoltado por una guardia de honor. Luce en sus colmillos unos anillos con campanillas de oro. Una cadena de mallas del mismo metal, finamente tejida, cubre su cabeza, y sobre el lomo y encima de una gualdrapa ricamente bordada va un cojín de terciopelo. Marcha bajo espléndido y espacioso palio y le preceden unos servidores, portadores de parasoles. Alojado en lujoso aposento, se le sirve su cotidiano yantar en vajilla de oro.
Los elefantes blancos llevan todos el título de reyes, y como a tales se les tributan honores. Cada uno de ellos tiene un nombre o apodo, alusivo generalmente a su belleza, tamaño u otras características que le distinguen.

(El elefante en la ciencia, la mitología, la tradición y la historia. Discurso del académico numerario Excmo. Sr. Duque de Medinaceli. Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1941)

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