Ir al contenido principal

Corfú: huellas literarias (IV)

Tumba de Menekrates

"Su bisabuelo Amedeo fue el primer Caffi que se estableciera en la isla jónica (...) Se hizo construir a las afueras de Corfú, cerca de la tumba de Menekrates, un palacete con todo lujo de detalles, servido por diez criados, y con una carroza de seis caballos, con dos lacayos de librea en el pescante, esperándole en la puerta por si le placía irse a ruar con la entretenida de turno. Empezó a gastar el dinero a espuertas, como si lo fabricase, al tiempo que su fama de rastacueros se extendía por toda la isla. Alquitarado gourmet, se trajo de Spalato un cocinero y un repostero que hablaban francés, para que le preparasen las minutas. Llevaba una vida desbaratada y dilapidaba sumas enormes de dinero en banquetes suntuosos, de muchos servicios y con muchos invitados, que acababan inexorablemente en desordenadas y orgiásticas saturnales. Poco a poco fue cuarteando el patrimonio; se aficionó al juego y llegó a perder en una sola noche negocios enteros jugando al monte y a la rolina en las casas de conversación..."

(Jorge Ordaz, Prima donna, o la vida de Angelica Caffi, cantante, 1986)

Comentarios

Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).