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Corfú: huellas literarias (IV)

Tumba de Menekrates

"Su bisabuelo Amedeo fue el primer Caffi que se estableciera en la isla jónica (...) Se hizo construir a las afueras de Corfú, cerca de la tumba de Menekrates, un palacete con todo lujo de detalles, servido por diez criados, y con una carroza de seis caballos, con dos lacayos de librea en el pescante, esperándole en la puerta por si le placía irse a ruar con la entretenida de turno. Empezó a gastar el dinero a espuertas, como si lo fabricase, al tiempo que su fama de rastacueros se extendía por toda la isla. Alquitarado gourmet, se trajo de Spalato un cocinero y un repostero que hablaban francés, para que le preparasen las minutas. Llevaba una vida desbaratada y dilapidaba sumas enormes de dinero en banquetes suntuosos, de muchos servicios y con muchos invitados, que acababan inexorablemente en desordenadas y orgiásticas saturnales. Poco a poco fue cuarteando el patrimonio; se aficionó al juego y llegó a perder en una sola noche negocios enteros jugando al monte y a la rolina en las casas de conversación..."

(Jorge Ordaz, Prima donna, o la vida de Angelica Caffi, cantante, 1986)

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).