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Unas palabras de lord Holland

Henry Vassall-Fox, tercer barón de Holland (1773-1840)

El Instituto Feijoo del Siglo XVIII acaba de publicar el Epistolario y Documentos, de José María Blanco White. Este libro constituye de hecho el tercer volumen de la tesis doctoral de André Pons (1990), en el que su autor reunió documentos y cartas, en español e inglés, que consideró esenciales para comprender el papel jugado por Blanco en lo que él llamó "la crisis del mundo hispánico". Tras el fallecimiento de Pons, el volumen ha sido editado por Martin Murphy.
Entre las muchas, inéditas e interesantes cartas de Blanco White y sus corresponsales incluidas en el libro, destacan las de su amigo el tercer barón de Holland, político whig que tanta influencia tuvo en la evolución del pensamiento político de Blanco durante su exilio en Londres.
En una de ellas, escrita a Blanco White el 9 de abril de 1813, hay un comentario acerca de la forma -innecesariamente provocativa, según lord Holland- que los liberales de Cádiz habían impuesto el decreto por el que se suprimía la Inquisición. Escribe lord Holland: "Han aprobado apresuradamente una ley de la que no sabían las consecuencias, y en su afán por demostrar que son patriotas desinteresados, se han mostrado como políticos muy triviales. (...) Donde no hay prudencia ni previsión, no puede haber éxito."
Unas palabras que, creo, podrían aplicarse perfectamente hoy en día a nuestros políticos en no pocas ocasiones.

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Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta