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Corfú: huellas literarias (III)


Muy cerca de la casa donde residió Edward Lear en Corfú se encuentra la casa (hoy en día museo) donde vivió Diniosios Solomós, el poeta nacional de la Grecia renaciente.
Solomós había nacido en Zante (Zakynthos) en 1798 y se educó en Italia. Siguiendo los pasos de su paisano Ugo Foscolo, empezó a escribir poesías en italiano; pero la lucha por la independencia de la Grecia sometida al dominio turco despertó en él fervores patrióticos. Entonces compuso el famoso Himno a la libertad (1823), poema de ciento cincuenta y ocho estrofas, algunas de las cuales pasaron a formar parte del himno nacional griego.
En 1828 Solomos se trasladó a vivir a Corfú, donde fue recibido como un héroe. Problemas personales y familiares, sin embargo, afectaron seriamente su producción poética. Empezaba un poema pero no lo terminaba. En los años siguientes fue sacando a la luz, con cuentagotas, algunos poemas inconclusos, como Los libres sitiados, Lambros o Porfiras.
Era un hombre solitario, huraño, proclive a la melancolía. Cuando le llegó la muerte en 1857 sus amigos encontraron en su gabinete muchos papeles, pero ninguno completo. Solo fragmentos, esbozos, borradores.

Comentarios

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

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De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

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