Ir al contenido principal

Corfú: huellas literarias (II)


Edward Lear estuvo varios inviernos en Corfú. Su clima le iba bien para su delicada salud. En los años de 1862 y 1863 residió en una casa de la calle Arsinou de la capital, con vistas al viejo puerto. Durante sus estancias en la isla Lear se dedicó a pintar, a dibujar y a escribir limericks y versos nonsense. Allí también adquirió como sirviente al joven suliota Giorgios Kakali, que permaneció fielmente a su lado hasta su muerte en San Remo en 1888.
Por las cartas enviadas desde Corfú sabemos de la inclinación de Lear por las islas jónicas y sus gentes, su propensión a cotillear de la colonia inglesa, sus progresos con la lengua griega y su afición a inventar palabras (p. ej. "my life here has gone on very sklombionbiously on the whole" o "the sklimjimfiousness of the situation increases").
Norman Douglas atribuye a Edward Lear un limerick soez que empieza así:

There was an old man in Corfu,
Who fed upon cunt-juice an spew...


Si lo dice Douglas, que era experto en estas cuestiones, será cierto.

Comentarios

  1. Al leer este texto no puedo dejar de recordar la obra de Albert Cohen. Sitúa sus personajes en Corfú.
    Albert Cohen,sionista militante, gran escritor, nos presenta un quinteto de personajes, Los Esforzados, que son auténticos elementos mediterráneos, elocuentes, falaces, apasionados, etc. En fin una delicia de literatura.

    Saludos

    Francesc Cornadó

    ResponderEliminar
  2. No sabía de esta novela de Cohen. Una huella literaria más.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).