Ir al contenido principal

Lectores electrónicos

Leo en El País del pasado lunes un reportaje en el que se vierten las opiniones de cuatro prestigiosos editores sobre el presente y el futuro del libro. A la pregunta de qué piensan del libro electrónico las respuestas denotan una mezcla de escepticismo, desconocimiento, improvisación y rechazo. O sea: un esperemos a ver qué pasa, aunque de momento no tiene por qué pasar nada.
Algunas frases me llaman la atención. Uno de los editores dice: "Me cuesta imaginarme a alguien leyendo a Roth o a Alice Munro en pantalla".
Me gustaría saber qué tienen Munro y Roth, que no tengan otros autores vivos o muertos, para que le resulte tan difícil imaginarse a alguien leyéndolos en un lector electrónico.
Otro editor dice: "El lector solo digital está abocado a un proceso de estupidización imparable".
Y por qué, me pregunto yo. ¿Acaso la lectura del libro en papel ha impedido el nivel de estupidización al que hemos llegado hoy en día?
Hubiese sido interesante, sin embargo, conocer su opinión sobre algunas de las cuestiones que con buen tino plantea un amigo mío:
"En su codicia, el mundo editorial no ha aprendido de los errores de otras industrias culturales. Es absurdo que un libro electrónico salga al mercado con un precio que ronda el 70% del precio en papel cuando los costes (a excepción de la remuneración debida al autor) son casi nulos. No pueden engañar a los libreros asegurándoles que mantendrán la estructura clásica de venta, ni a los autores diciéndoles que si antes se llevaban el 10% del precio final por derechos de autor, ahora su retribución quedará en torno al 20% o 25% del precio neto final." (Palmiro Seis Puntodós, "El lector electrónico", La última canana de Pancho Villa, nº466, 2010).

Comentarios

  1. conde-duque16/6/10 23:56

    La triste realidad es que el panorama editorial español es una vergüenza desde hace años(hablo con conocimiento de causa porque trabajo en esto). Cuatro inútiles ignorantes que sólo quieren apalancarse en el sillón y seguir con sus precios hinchados a toda costa, dando la espalda a la realidad que inevitablemente va a llegar.
    Ojalá el ebook consiga hacer una limpieza general de tanto caradura. Si se hicieran las cosas bien, la "edición" de verdad y los autores podrían salir muy beneficiados. Y los lectores. Pero los intereses de los mediocres no quieren permitirlo.
    Nos puede dar cierta lástima por los libreros de calidad (no son muchos) que también desaparecerán en el trance si no saben adaptarse, pero por toda esa caterva paleta de distribuidores y jerarcas de los grandes grupos no me da ninguna pena.
    No sé hasta cuánto podrán aguantar con declaraciones tan patéticas como las que mencionas.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Me parece que dentro de unos años nos vamos a reir mucho con las declaraciones de algunos editores, libreros, etc. sobre el libro electrónico.

    ResponderEliminar
  3. NO rotundo al libro electrónico. Con él se perdería la esencia de la lectura. Cada vez que pienso en el libro ese me dean escalofríos...

    ResponderEliminar
  4. Nunca digas nunca jamás, Airin.

    ResponderEliminar
  5. El libro electrónico tiene un futuro fiable y seguro. Hay que pensar que las nuevas generaciones, desde el colegio, pronto ya no conocerán la pizarra de tiza, escribirán cada vez menos en papel, y leerán poco o nada en los plúmbeos libros de texto que cargábamos años ha. Yo veo la apuesta de las descargas de libros patrimonio más bien de las grandes editoriales que de las pequeñas, que seguirán poco más o menos como hasta ahora. De todos modos, sigo esperando el momento para adquirir un ebook "perfecto", es decir, aquel que traiga en la memoria treinta o cuarenta mil títulos (sin derechos de autor, claro), y no los cien o doscientos que traen ahora. Y nadie dude de que antes de cinco o diez años existirá semejante cacharro... David M.V

    ResponderEliminar
  6. Esta semana he leído que alguno de los dispositivos tiene ya capacidad para setenta mil libros, y Amazón ofrece un catálogo de doscientos mil. Se dice que Geoogle lleva ya más de diez millones de libros digitalizados, y que pretende escanear los treinta y dos millones de libros diferentes que dicen que existen. Tampoco sé bien qué entra en la categoría de libro para Geoogle. Por mi parte, estoy deseando tener una biblioteca gigante en el bolsillo. Todo esto es confuso y desde luego, es una revolución apasionante... David M.V.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).