Ir al contenido principal

Poetas coronados

Efigie del poeta José Santos Chocano con su corona de laurel

Hacia el final de su vida, en 1855, el anciano poeta Manuel José Quintana fue solemnemente coronado en el Senado por la reina Isabel II, de quien había sido preceptor. Dos años después de aquel honor excepcional, moriría Quintana sin un céntimo, siendo necesario vender los libros que tenía para pagar, entre otras deudas, la de doscientas cincuenta pesetas del traje con el cual asisitió al acto de su coronación.
En 1922, al otro lado del Atlántico, otro insigne poeta sería coronado. José Santos Chocano, el "sinsonte" peruano recibió, en el Palacio de Exposiciones de Lima, la corona de laureles de oro de manos de Clemente Palma, hijo del gran Ricardo Palma. En su discurso de agradecimiento, Chocano con voz altisonante pronunció estas palabras: "¡Bienaventurados los pueblos que aman a sus poetas, porque de ellos es el reino de la Inmortalidad!". Años más tarde, en Santiago, acabaría Chocano empeñando la corona por diez mil pesos chilenos, a fin de atender a las necesidades de su hogar.
Gloria y miseria: dos caras de la misma moneda.

Comentarios

  1. Lupo Ayllán y Sus dementes31/5/10 12:30

    Así es y ha sido, dicen. ¿ Qué libros tenía Quintana ? ¿ quién los compró ? ¿ sobrevive alguno ? ¿ quién se coronaba a escondidas con los laureles de Chocano y engolaba la voz para declamar discursos inéditos ante públicos imaginarios?
    Dr. descubro mi electroencefalografíado y rasurado cráneo.Cada día mejor.

    ResponderEliminar
  2. Interesante reflexión, amigo Lupo Ayllán y sus (no tan)dementes. En definitiva: Sic transit gloria mundi. Para todos, incluso para los que no disfrutan de la gloria en vida.

    ResponderEliminar
  3. Anónimo1/6/10 22:14

    Ha citado de pasada a "Clemente Palma, el hijo del gran Ricardo Palma". Si agradables de leer son las Tradiciones Peruanas del padre, del hijo son muy sobresalientes los once relatos que contiene "Cuentos Malévolos" (1904) con prólogo de Miguel de Unamuno -que se confesaba poco amigo de leer novelas y cuentos. El libro contiene el relato Los Ojos de Lina, recogido mil veces en las antología modernistas al uso. Y no menos curiosa es la novela "XYZ" (1935), anticipo de la Invención de Morel de Bioy Casares, en la que el científico millonario Rolland Poe hace en su isla privada duplicados de actrices famosas de la época como la Garbo o Joan Crawford. A mi me pareció más entretenida que las sosas y presuntamente sesudas invenciones de Morel. Pero es una opinión... David M.V.

    ResponderEliminar
  4. Gracias, David, por tu información sobre Clemente Palma. Voy a apuntarme este nombre.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).