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El excéntrico conde

El conde Potocki de Montalk, en Londres, hacia 1940.
(Foto sacada de Fear & Loathing in Fitzrovia, de Paul Willetts)

Este personaje de la foto de aspecto estrafalario, con sus sandalias, hábito monjil, larga cabellera y boina, es el escritor neozelandés conde Geoffrey Potocki de Montalk (1903-1997). Fue un tipo peculiar. A finales de los años veinte se instaló en Londres, donde malvivió la bohemia lampante. Se consideraba heredero al trono de Polonia, Gran Duque de Lituania, hospodar de Moldavia y Sumo Sacerdote del Sol. Siempre llevaba encima un fajo de la revista The Right Review, que él mismo se encargaba de imprimir manualmente y de vender por las calles del West End. En sus páginas tanto podía aparecer un poema de Lawrence Durrell como una invectiva antisemita o una enrevesada genealogía de su pretendida prosapia. Siempre anduvo a la última pregunta, y si alguien le invitaba a comer era muy probable que acabara siendo investido in situ con algún título nobiliario.
Por culpa de unos versos paródicos de Verlaine, que ni siquiera llegó a publicar, fue a juicio y condenado a seis meses de prisión por "libelo obsceno". En su defensa Potocki escribió un alegato contra la censura y un pormenorizado repaso al proceso titulado Whited Sepulchres (1936), que él mismo publicó -"bad printed, well written"- en su imprenta privada.
En 1943 , enterado por unos amigos polacos de la matanza de Katyn, escribió el Katyn Manifesto, en el que acusaba de la masacre, en la que murieron cerca de 20.000 polacos, a la Unión Soviética, entonces aliada del Reino Unido. No solo nadie quiso creerle sino que además fue arrestado y llevado a un "campamento agrícola" en Northumberland. Potocki tenía razón, pero en su momento fue tomado por un chiflado. Al menos vivió lo suficiente para ver la verdad restituida.

Comentarios

  1. ¿Y qué fue de él todo ese tiempo hasta los años 90 en que murió? Nos hemos quedado con la historia a medias. Un abrazo.

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  2. Tengo entendido que después de la II Guerra Mundial se trasladó a vivir al sur de Francia, donde vivió discretamente, escribiendo poesía y editando la Rigth Review. Con el tiempo, como a tantos otros, se lo tragó el olvido.
    Un abrazo.

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