Ir al contenido principal

Wyndham Lewis

Autorretrato de Wyndham Lewis como un Tyro (1920-21)

De las exposiciones actualmente abiertas en Madrid sin duda una de las más interesantes es la de Wyndham Lewis (1882-1957), en la Fundación Juan March. La muestra presenta la vida y la obra de este artista inglés, a través de 150 pinturas y más de 60 libros. Es la primera vez que se le dedica una exposición monográfica en España y bien merece una visita.
Tras la Primera Guerra Mundial Wyndham Lewis fue el líder del "vorticismo" y editor de la revista de dicho movimiento, Blast. Nadie como él representó mejor la vanguardia en el Reino Unido en el período de entreguerras. De entre sus muchos dibujos y pinturas destacan los magníficos retratos, como los de T.S. Eliot, Edith Sitwell o Ezra Pound. Como escritor, Wyndham Lewis publicó manifiestos, ensayos, libros sobre arte y crítica literaria, obras de teatro, novelas y poesía, que nos revelan una personalidad multifacética, inconformista y compleja.
En "Essay on the Objective of Plastic Art in our Time", publicado en The Tyro, en1922, dice: "El acto de creación, del que un libro o una pintura son formas, es siempre un acto de la voluntad, como el de envenenar a tu rival en los negocios o intentar seducir a alguien; la entera existencia y el ejercicio de esa voluntad implican mucha imperfección humana, que será incorporada al libro o a la pintura, dándoles la nervosidad de sus contornos, los olores intensos, la apariencia pálida o encendida que nos lo hacen atractivo".
El propio Lewis se definió en cierta ocasión como "un esqueleto encerrado en un armario". Esta es una buena oportunidad de verlo fuera de él.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?     

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori