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Terremotos: Chile

Grabado de la ciudad de Concepción (Chile) tras el terremoto de 1835
(Encyclopedia Britannica)

El 13 de mayo de 1647 un potente terremoto se dejó sentir en Santiago de Chile. Hubo miles de víctimas y la destrucción fue casi completa. Solo una iglesia se mantuvo en pie. El obispo, fray Gaspar de Villarroel, les dijo a los supervivientes que no debían ver en aquella catástrofe un signo de la ira de Dios, sino una prueba que el Altísimo enviaba a los creyentes para fortalecerles en su fe.
Desde entonces ha habido en Chile muchas más pruebas de este tipo.
En 1807 el escritor romántico alemán Heinrich von Kleist (1777-1811) dio a la luz un cuento titulado "El terremoto de Chile" que empieza un día de 1647 en que el protagonista, un español llamado Jerónimo Rugera, atado a una pilastra en la prisión de Santiago, listo para ser ejecutado. Justo entonces todo a su alrededor comienza a temblar y él se ve de repente liberado.
El 20 de febrero de 1835 el joven Charles Darwin, que viaja en la expedición del Beagle, se halla en tierra, en la ciudad chilena de Valdivia, tendido en el bosque descansando, cuando se produce otra gran sacudida. Se calcula que el sismo de Concepción fue aproximadamente de la misma magnitud que el de 1647 (8. 5 en la escala de Richter). Darwin dejó constancia de sus impresiones sobre el "horroroso cataclismo" en su Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo (1836); y Harry Thompson lo recrea en la novela sobre dicha expedición titulada Hacia los confines del mundo (2005). Valdivia quedaría otra vez destruida el 22 de mayo de 1960 en el más grande terremoto de los tiempos recientes. Hace unos días volvió la tierra a estremecerse...
El escritor chileno Benjamín Subercaseaux, en su Chile o una loca geografía (1940), describe los frecuentes terremotos que padece el país: "Ondas sucesivas y visibles recorren el piso y los muros que pujan, se entrechocan y agrietan en cada empellón. Aquello parece amainar unos instantes, para volver con mayor ímpetu después... Al grito de angustia sigue la fuga enloquecida en la obscuridad y el polvo que los atraganta. La escala que cede y el ruido sordo de la cornisa que se desploma frente a ellos, son como una advertencia de que no irán mucho más allá. El movimiento sigue y los persigue sin piedad No hay cómo huir de él, ya que en todas partes está la misma ira invisible que lo sacude todo: en la calle, en la plaza, donde sea que huimos de la angustia, caemos en la angustia."

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