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No me olvides

Sala de banquetes del Pabellón del rey Jorge IV en Brighton
(Grabado de Augustus Charles Pugin, inserto en el No me olvides de 1826)

El gaditano José Joaquín de Mora (1783-1864) es uno de los escritores que, en razón de sus ideas liberales, emigró a Inglaterra con la llegada de Fernando VII. En Londres Mora se ganó la vida colaborando en periódicos, traduciendo obras de autores británicos -es digna de mención su versión de Ivanhoe de Walter Scott- y dirigiendo la revista anual No me olvides, que publicaba Rudolph Ackerman en su establecimiento del Strand. Hecha a imitación de la original inglesa Forget Me Not, era un pequeño album misceláneo, primorosamente editado, dirigido al público hispanoamericano. Desde México -donde Ackerman tenía una sucursal- se distribuían los ejemplares de No me olvides a Guatemala, Colombia, Argentina, Chile y Perú. (El ejemplar que tengo a la vista fue adquirido en su día por el hombre de negocios mexicano Jorge Winterton y la dedicatoria reza "a mi querida esposa").
Para 1826 Mora confeccionó un entretenido tomito con producciones en prosa y en verso, originales y traducidas por él e ilustradas con preciosos grabados de diversos artistas: Singleton, Hills, Westall y Page, entre otros. Hay cuentos de tema histórico, como "Sir Everard", "La fantasma" o "La solitaria de Klisa" y otras miniaturas de aire inefablemente romántico. También se incluye una crónica de actualidad sobre el flamante Pabellón Real que el rey Jorge IV se había hecho construir en Brighton, una ciudad balneario de moda en la que, en palabras de Mora, "el número de forasteros que acudieron a ella en el verano de 1824 pasó de 50. 000".

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"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


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(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.