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Hugh Miller

Hugh Miller (1802-1856)

La primera vez que supe de Hugh Miller fue leyendo el libro ¡Ayúdate! (Self-Help, 1859) de Samuel Smiles, en el que muestra al lector una serie de personajes que, a base de tesón y afán de superación, alcanzaron la eminencia en diversas profesiones. Hugh Miller era uno de ellos. De él decía Smiles: "Donde otros hombres no veían cosa alguna, descubría él analogía, diferencias y particularidades, que eran para él otros tantos motivos de reflexión. Tenía sencillamente despiertos sus ojos y su espíritu; era sobrio, diligente y perseverante, y ése fue el secreto de su crecimiento intelectual."
De orígenes muy humildes y formación autodidacta el escocés Hugh Miller llegó a convertirse en un geólogo y filósofo, de hondas convicciones religiosas, muy apreciado por la sociedad victoriana. Miller tuvo un adolescencia problemática, formando parte de una banda de ladronzuelos. Luego trabajó de aprendiz de picapedrero en varias canteras de Escocia y allí comenzó a interesarse por las rocas y los fósiles que contenían. Más tarde fue contable en un banco y editor del periódico político The Witness.
Escribió una docena de libros, muy leídos en su tiempo, con los que contribuyó a hacer popular la geología y a ganarse el respeto de la comunidad científica. Entre ellos destacan Footprints of the Creator (1849) -una dura réplica a las ideas evolucionistas expuestas en el libro Vestiges of the Natural History of Creation (1844) de Robert Chambers-, Testimony of Rocks (póstumo, 1857) y, sobre todo, La arenisca roja antigua (The Old Red Sandstone, 1841). En este libro describe con excelente prosa esta típica formación geológica del Devónico, famosa por las notables especies de peces fósiles que Miller, junto a otros paleontólogos, se encargó de dar a conocer a la ciencia. La obra empieza con estas palabras: "Mi consejo a los jóvenes trabajadores, deseosos de mejorar sus circunstancias es muy simple. No busquéis la felicidad en el mal llamado placer; buscadlo más bien en lo que se denomina estudio. Mantened vuestras conciencias claras, vuestra curiosidad fresca, y aprovechad cada oportunidad de cultivar vuestras mentes."
Sus últimos años estuvieron ensombrecidos por problemas de salud, en parte derivados de la silicosis contraída durante sus años de cantero. Sumido en una profunda depresión acabó quitándose la vida.

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Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.