Ir al contenido principal

El cuarto de al lado

Henri Barbusse (1873-1935)

Un hombre del que desconocemos su nombre viaja a París, donde ha encontrado un empleo. Se instala en un hotel. En la habitación del hotel descubre un grieta en la pared a través de la cual se ve el cuarto de al lado. Y empieza a observar sin ser visto. Un día ve a una mujer, sola, que se desnuda y se mete en la cama. Al siguiente son un chico y una chica, hermanos adolescentes, que juegan a los enamorados, hasta que el juego es interrumpido por su abuela. Otro día observa a una pareja de amantes que hacen el amor conscientes de que el amor se les escapa. Para entonces el hombre se ha convertido en un mirón compulsivo. Su obsesión es escrutar a las personas que desfilan por la habitación contigua y escuchar sus conversaciones. Con ansiedad espera la llegada de los huéspedes, deja de ir al trabajo en el banco, apenas sale del hotel. Ha entrado en las vidas de los demás y ya no puede escapar de ellas.
Este es el arranque de la novela El infierno (1908) del escritor francés Henri Barbusse, que supuso en su momento un succès d'escandale. A mi entender, el planteamiento de esta novela puede verse también como una metáfora del escritor. El escritor como voyeur; la escritura como escoptofilia.
Hacia el final de la novela, el anónimo protagonista sale a la calle y entra en un restaurante. En una mesa cercana se halla Pierre Villiers, escritor famoso, comiendo con unos amigos. El hombre no puede evitar prestar atención a lo que se comenta en la mesa. "¿De qué trata tu próxima novela?", dice un comensal. "De la verdad... Un desfile de seres sorprendidos tal como son", responde el escritor. "¿Y cuál es el tema?". "Veréis -contesta Villiers- el tema que me permite hacer una cosa divertida y verdadera a la vez: un hombre abre un agujero en la pared de un cuarto de hotel y mira lo que pasa en la habitación inmediata."
Hay tema.

Comentarios

  1. Jorge, no sabía que el estalinista Barbusse hubiera escrito algo así (¿no será una genialidad tuya?). La figura del mirón y la coincidencia circular son cuestiones muy gratas para quien te escribe. Gracias por la información.

    ResponderEliminar
  2. Ya me gustaría haber inventado un argumento así, pero a Barbusse lo que es de Barbusse (preestalinista, en este caso).
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).