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El padrino milagrero

Grabado de Fr. Bernardo de Corleone (1605-1667),
de Salvador Carmona,
en Vida del Beato Bernardo de Corleón,
de Francisco de Ajofrín (1769)


"Fecuentaba los Sacramentos con grande ejemplo en la ciudad una doncella panormitana... Envidioso Satanás de ver tan rara santidad en una tierna doncella, puso todo su esfuerzo la serpiente infernal para derribarla de aquel estado feliz, en que la gracia del Señor la había colocado: armó lazos, llamando en su ayuda todas las astucias infernales; pero viendo que era en vano todo, tomó esta empresa por suya, saliendo al campo en persona, para batir aquel muro. Transformóse en un bello y agradable mancebo, y apareciéndosele una noche vestido de todas aquellas demostraciones que conducen a pecar, la estuvo instando a que se rindiese. Tuvo al principio grande horror y una firme resistencia, conociendo la fealdad de la culpa. Pero continuando Satanás en el asalto, fingiendo lisonjas, gustos y regalos, arrojaba, como dice la Escritura, llamas encendidas por la boca de libidinosos apetitos, abrasando con su aliento los carbones más helados y muertos. Ya sentía la infeliz en su pecho que iba prendiendo la llama; y descuidándose la incauta de apagar estas leves centellas se halló después rodeada de un furioso incendio sin poder escaparse por parte alguna... Consintió al fin, y empezó el trato más infame y horrible que puede darse. Duró la torpe comunicación por espacio de veinte años. Hecho dueño Satanás de esta pobre doncella la prohibió severamente revelase a nadie lo que pasaba, amenzándola de muerte cuando pensase en hacerlo, aún para confesarse. Obedeció rendida, y para no perder su reputación y crédito adquirido, continuó frecuentando sacrílegamente los Sacramentos y empleándose en obras de virtud, a que no se oponía el tiránico espíritu... Finalmente Dios dio luces a su confesor, para que conociese el estado infeliz de aquella miserable alma... Sabía el confesor los grandes méritos y poder sublime de Bernardo. Hizo que la llevasen a su sepulcro, y poniendo sobre ella un pedacito del hábito del glorioso Bernardo, e invocando su sagrado nombre, aunque el demonio resistía dejar la antigua posesión amenazándola con castigos, y espantándola con horribles figuras y visiones que causaban en la afligida doncella asombrosos estremecimientos y mortales síntomas, vino a ceder su furia al poder del siempre victorioso Bernardo; y dejando el cuerpo y el alma de aquella infeliz mujer, quedó ésta quieta, y se dispuso para hacer una confesión general, viviendo de allí en adelante con singular retiro, y ejercicios de penitencia, en que acabó felizmente su carrera..."

(Portentosa vida, admirables virtudes, y estupendos milagros del pasmo de penitencia, y extático minorita, el beato Bernardo de Corleón, siciliano, de R. P. Fr. Francisco de Ajofrín, Madrid, 1769)

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