Ir al contenido principal

Un elefante en Madrid

El elefante de 1773, disecado por Bru (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid)
(Foto extraída del artículo "Un episodio en la recepción cultural dieciochesca de lo exótico:
la llegada del elefante a Madrid en 1773", de Gabriel Sánchez Espinosa)


En el verano de 1773 fondeó en la Isla de León, la fragata de la Real Armada Venus. Procedía de Manila y entre su cargamento había un elefante asiático adulto, presente que el gobernador de Filipinas don Simón de Anda remitía a S.M. el rey Carlos III. De su traslado a la Corte se hizo cargo el teniente de navío José de Mazarredo. Al cuidado del paquidermo estaba un cornaca o elefantero malabar. La comitiva, compuesta por el elefante, sus acompañantes y una galera con todo lo necesario para el viaje, tardó 42 días en cubrir la distancia de Cádiz al real sitio de San Ildefonso, donde veraneaban los reyes. La cuenta de gastos ascendió a 32.576 reales y cinco maravedíes. El elefante fue instalado en la Casa de Vacas de Aranjuez.
Refiere Gabriel Sánchez Espinosa, que ha estudiado con detalle el episodio, que el paso por Madrid del exótico animal causó un revuelo considerable. Ramón de la Cruz escribió un sainete de circunstancias titulado El elefante fingido; y Tomás de Iriarte se hizo eco del mismo en el poema satírico "Carta escrita a don José Cadalso en 17 de enero de 1774", en la que se dice:

Sacáronle tonadas y cuartetas;
en delantales, cofias, manteletas,
elefantes pintados se veían;
y en las mesas por moda se servían
elefantes de carne, dulce y masa.
Elefantes sin tasa
tuvimos que sufrir por varios modos:
en la conversación, en los apodos,
en cartas, en escritos publicados,
en sermones, sainetes, y plagados
nos vimos al segundo o tercer día
de enfermedad llamada elefancía.

A la muerte del elefante en 1777, el conde de Floridabanca ordenó su disecación a Pedro Franco Dávila, director del Gabinete de Historia Natural. Realizó la operación, con extraordinaria habilidad, el taxidermista del Gabinete Juan Bautista Bru, quedando así expuesto a la contemplación de cuantos curiosos quisieran verlo.

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?