Ir al contenido principal

Cornelia Bororquia

Muy pocas de las novelas publicadas en España en el siglo XVIII han logrado superar el filtro del tiempo. Una de las que se puede leer todavía sin que se caiga de las manos es Cornelia Bororquia, de Luis Gutiérrez, aparecida en París de forma anónima en 1801. Prohibida por la Inquisición y puesta en el Índice, se editó por primera vez en España en 1812. Desde entonces, y a lo largo de los períodos liberales del siglo XIX, se hicieron varias reediciones con gran éxito; pero antes de llegar al XX se hundió en el olvido.
Luis Gutiérrez era un ex fraile trinitario, gacetillero en Bayona, que murió ajusticiado en 1809, por orden de la Junta Central, acusado de agente secreto de los franceses. Cornelia Bororquia, o la víctima de la Inquisición, es una novela breve y de forma epistolar (la sombra de Richardson era alargada). Narra la historia de Cornelia, hija del gobernador de Valencia, que es raptada por el arzobispo de Sevilla y encerrada en los lóbregos calabozos de la Inquisición. Privada de libertad la joven resiste el continuo asedio del arzobispo. Éste intenta violarla, pero Cornelia repele la agresión y le acuchilla mortalmente. Cornelia es condenada a muerte y ejecutada, ante la desesperación de su novio Vargas (que por cierto será el protagonista de una novela posterior de José María Blanco White).
La novela fue escrita con un propósito claro: combatir la intolerancia y el absolutismo religioso, y en concreto la institución del Santo Oficio. A este fin el autor no duda en cargar las tintas de su relato. Hoy en día, sin embargo, nos atraen otras cosas de esta novela: la historia narrada desde los diferentes puntos de vista de sus protagonistas, su ritmo ágil para la época, los toques góticos y el atrevimiento en el lenguaje. He aquí cómo, desde su encierro, habla Cornelia del arzobispo en una de sus cartas a su padre:
"Entra con la piel de oveja, me habla con dulzura, y hallándome cada vez más empedernida, se sale de aquí furioso, al modo que un lobo voraz que habiendo sido echado de un aprisco, va con la lengua colgando o lamiéndose los labios ensangrentados a ocultar en los bosques su vergüenza y furor, pero siempre alampándose por carne y sangre, a pesar de que lleva aún palpitando en sus ijares las víctimas que ha devorado."

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Un poema de Muntañola

La noche es un árbol turbio que se enrreda en el árbol, es antracita antigua quemando la luz, es la piel más arcana del aire. El árbol lo sabe. Él bebe la noche.

(Esther Muntañola, Árbol. Ediciones Tigre de Papel, 2018).

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
Una de las canciones más recordadas de Enric Madriguera es "Adiós", co…