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La Cabrera

Vista de canteras de pizarra de La Baña (Cabrera Baja)
Izquierda: Fuidemalo, Pizarras La Baña S.A.
Derecha: Carbajal de La Romana, Pizarras del Carmen S.A.
(Foto: Luis Miguel Suárez del Río)

En 1964 Ramón Carnicer, profesor leonés afincado en Barcelona, publicó Donde las Hurdes se llaman Cabrera, en mi opinión uno de los mejores libros de viajes de la segunda mitad del siglo pasado. Al principio del mismo dice el autor haber hallado, en un libro sobre la geología de la Cabrera, que dicha región natural se sitúa en el centro de un sinclinorio formado por pizarras silúricas: "Y esto es una verdad como un templo; me refiero a lo de las pizarras, que forman la totalidad de los montes y sierras con lajas de espesor variable que dan híspidas y oscuras tintas a las zonas más peladas, así como a las casas construidas con estos materiales." Luego apenas vuelve a mencionar las pizarras. Presumo que Carnicer debió de sacar esta información del Estudio geológico de la Cabrera Alta (León), de N. Llopis Lladó y J. Mª Fontboté, publicado por el CSIC en 1959; la única monografía geológica de parte de esta zona existente en aquel momento.
La Cabrera era una de las comarcas más atrasadas del noroeste peninsular. En su libro Carnicer nos ofrece una visión cruda y realista, una fidedigna radiografía de la situación de miseria y aislamiento de aquella tierra abandonada de la mano de Dios. Carnicer se encuentra con un médico y le pregunta qué enfermedades hay por la zona. "No muchas -le contesta-. Catarros y pulmonías en invierno, algo de bocio, cretinismo, y lombrices." Luego le explica el médico cómo son los partos: "De pie en la cocina. Allí está la parturienta tomando cuencos de chocolate desleído, hirviendo casi. Suda por cada pelo una gota, y mientra tanto, su marido y su madre, en los escaños o moviéndose de una parte a otra, lloran a gritos haciéndole corro (...) Cuando al fin nace la criatura, la mujer ha de seguir en pie hasta librar; entonces la meten en la cama, y en seguida le dan una sopa de mantequilla, muy fuerte."
Por fortuna, las cosas han cambiado mucho y para bien desde entonces, hasta el punto que hoy en día la Cabrera es una comarca próspera gracias, precisamente, a la explotación de las pizarras, que han hecho de esta zona uno de los centros de producción más importantes del mundo. Irónicamente, la misma tierra pizarrosa que condicionó durante siglos su paupérrima agricultura es ahora fuente pródiga de su riqueza. En la actualidad, de la Cabrera que vio Carnicer queda ya poco; pero el paisaje, duro y mineral, sigue siendo el mismo. Aunque con notables cicatrices.

Comentarios

  1. Es verdad que es un buen libro, puesto bajo el amparo buñueliano de la Tierra sin pan y recorrido paso a paso, palabra a palabra. Por fortuna, tampoco ya las Hurdes son el infierno que fueron. Esa perspectiva de cambios evidentes, de abolición de la miseria, no siempre se tiene en cuenta a la hora de calibrar el pasado desde el presente, en los juicios jeremiacos de lo mal que está todo.. Soberbia imagen (la foto). Un saludo.

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  2. Completamente de acuerdo con esta valoración de los cambios. Cualquier tiempo pasado no fue mejor.
    saludos.

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  3. Me encanta esta sección de "Geoletras".
    Ahora precisamente estoy estudiándome las rocas endógenas para explicárselas a mis alumnos ya que, en este sistema educativo, nos vemos obligados frecuentemente a impartir docencia de temas en los que somos profanos (soy químico, no geólogo). Acabo de trtaerme del laboratorio de ciencias una colección de rocas para mostrárselas, entre las que se encuentra, cómo no, la metamórfica pizarra.
    En cualquier caso es para mí un placer aprender-enseñar Geología.
    Saludos.

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  4. Pues ánimo, Bernardo, que no resulta nada fácil interesar a los chavales por las rocas. Ojalá lo consigas.
    Saludos.

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  5. Un saludo, Jorge.
    Buscando otra cosa he venido a leer de nuevo esta reseña a mi tierra. Me consta que has estado aquí, pero debo decirte que, espero, no caigas en el mismo error que Carnicer. Este llegó vió algunas cosas, las pocas verdades de su libro, luego fabuló, inventó, noveló, etc... sobre lo demás.Yo no había nacido cuando estuvo aquí Carnicer, pero mis padres, mis abuelos, mis tíos, el sacerdote del pueblo, el médico de entonces, etc... estuvieron con él. Y de verdad, la historia real de la época, tal y como ocurrió, y lo que le contaron a ese indivíduo poco tiene que ver con lo que cuenta en ese libro que yo si me he leido más de una vez. Créeme yo nací en casa, y ni los partos ni la forma de actuar de nuestros mayores coinciden con Carnicer. Más bien le acogieron con la gran hospitalidad y generosidad que caracteriza a nuestras gentes, y él mintió sobre la realidad. Había miseria, SI, pero estas gentes no eran unos miserables.
    En todo caso, Jorge, tampoco hoy, la realidad actual, es el paraiso que pintan. Es cierto que tenemos trabajo y vivimos dignamente, pero tampoco esto es el dorado que cuentan por ahí. Espero que nos visites de nuevo, y con un poquito de tiempo, ya sabes que entre nosotros serás bienvenido.BMB

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