Ir al contenido principal

Chocolate eléctrico

"Mons. Liphardt, vecino de la ciudad de Konigsberga, capital de la Prusia Ducal, estando preocupado de que el chocolate no podía constituirse eléctrico, a causa de su naturaleza butirosa, acaba de desengañarse de esta ilusión con una nueva experiencia que hizo sobre la pasta recientemente preparada de aquella substancia indiana, descubriendo en ella claros indicios de electricidad. Hallábase una vez entretenido en labrar cierta tarea de cacao para chocolate, y cuando éste había ya dado todas las vueltas que debía recibir en la piedra, formó y separó varios ladrillos calientes, y poniéndoles uno sobre otro les arrimó poco a poco un filamento de seda, el cual no solo se les arrimó y pegó desde una distancia de dos pulgadas a que estaba apartado, sino que lo hizo con gran velocidad, al punto que entró en la esfera de la atracción. Esta experiencia dio gran gusto al citado físico; pero intentando luego sacar una chispa de aquellos ladrillos de chocolate, antes que perdiesen el calor, no hubo forma de promoverla; experimento que le hizo desconfiar del primero en cuanto juzgó que la disposición del aire ambiente no le era favorable; por lo mucho que sin duda influye la atmósfera en la electricidad."

(Extracto de una memoria sobre la electricidad del chocolate; y sobre que la percusión de los cuerpos idioléctricos equivale a su flotación, para excitar en ellos la virtud eléctrica. Por Mons. Liphardt. En: "Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa", Madrid, 24 de enero de 1788)

Comentarios

  1. Genial. Si viviera en nuestros tiempos le habrían dado el Ig-Nobel. Otros se lo han llevado con menos méritos.
    Un abrazo:
    JLP

    ResponderEliminar
  2. La ciencia también se nutre de estos científicos un tanto frikis que prueban lo improbable.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

El Centauro

Maurice de Guérin, nacido en 1810 en el castillo albigense de Caylar, en Andillac, y muerto en el mismo lugar poco antes de cumplir los veintinueve años, es uno de los más exquisitos poetas románticos franceses. Su obra, póstuma, es tan breve como corta fue su vida. Jules de Goncourt dijo que entre los poetas modernos solo Maurice de Guérin hizo el hallazgo de una lengua para hablar de los tiempos antiguos. También fue elogiado, entre otros, por Sainte-Beuve, Remy de Gourmont, Rilke y Mauriac.
En julio de 1954 se publicó en Albi (Tarn), en la Imprimerie Coopérative du Sud-Ouest, un librito de 44 páginas, en octavo, con su poema en prosa más celebrado, "Le Centaure", en el que un viejo compañero de Quirón, llamado Macareo, expone al adivino Melampo sus pensamientos sobre el paso del tiempo y evoca con nostalgia su vigorosa juventud. El poema fue dado a conocer por George Sand en 1840 en la Revue des Deux Mondes. 
La edición incluye, además del texto original, la traducción …