Ir al contenido principal

Townsend

J. Townsend, según apunte de W. Smith
(reproducido en "Primeres notícies de la
geologia de Catalunya (1786-1791)"
de Enric Aragonès, 2006)

El reverendo Joseph Townsend (1739-1816), médico y naturalista inglés, realizó un viaje de quince meses por España, fruto del cual fue A Journey through Spain in the years 1786 and 1787, uno de los libros de viajes más leídos en el siglo XVIII. A diferencia de otros viajeros coetáneos cuyo interés se limitaba al arte, la arqueología o las costumbres, Townsend se interesa por todo. Su curiosidad es inmensa: agricultura, comercio, manufacturas, impuestos, población, prácticas religiosas, geología...
Townsend fue un gran aficionado a la geología en un momento en que ésta se estaba configurando como una moderna disciplina científica. Coleccionó fósiles y minerales, colaboró con William Smith, fundador de la bioestratigrafía, y en 1807 fue nombrado miembro honorario de la Geological Society. En su obra The character of Moses established for veracity as an historian recording events from the Creation to the Deluge (1813), defiende una historia de la Tierra basada en la narración bíblica, en contraposición a la teoría de James Hutton.
Las observaciones de índole geológica, referidas a la estructura y composición de los terrenos por los que va transitando, son numerosas a lo largo de toda la obra. Algunas de estas referencias son pioneras y evidencian grandes dotes de observación, así como una sólida formación en ciencias de la Tierra. Como ha señalado Enric Aragonès, "han tenido que pasar dos siglos para que los historiadores de la geología española descubriesen esta importante aportación, oculta en una obra de carácter general publicada el año 1791 en Londres y que no se tradujo al castellano hasta 1962."

Comentarios

  1. ¿Cuantas cosas nos habremos perdido por culpa de los idiomas?
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Y no solo por culpa de los idionmas, sino también por los prejuicios.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta