Ir al contenido principal

Lees-Milne

James Lees-Milne (1908-1997
(Foto tomada de Diaries, 1942-1954)


A lo largo de cincuenta y cinco años James Lees-Milne llevó un diario en el que fue anotando no solo sus circunstancias personales sino sus encuentros y desencuentros con amigos y conocidos. Lees-Milne trabajó durante treinta años en el National Trust y era un experto en residencias campestres. Publicó varias monografías sobre casas de campo y patrimonio arquitectónico, pero su obra por la que seguramente será recordado son sus 12 volúmenes de diarios, que abarcan desde 1942 a 1997, año de su muerte. En ellos descubrimos al Lees-Milne erudito y personaje público, pero también al más íntimo, con sus aprensiones, tribulaciones religiosas (se convirtió al catolicismo en 1934) y amoríos con hombres y mujeres.
Por sus páginas desfilan nombres conocidos de la intelectualidad inglesa de su tiempo. Sus opiniones son siempre francas, sin eludir el puro cotilleo. Uno de los personajes recurrentes es su editor Charles Fry, de quien anota la descripción que de él le hace John Betjeman: "un falo con sentido del negocio". En otras entradas Lees-Milne describe a Fry como: "Hombre terrible. El peor y más depravado que conozco... Detestable, sin conciencia, escrúpulo moral o decencia."
A veces sus juicios acerca de las personas son contradictorios y parecen diferir según la ocasión y estado de ánimo. El 6 de junio de 1948 invita a Cyril Connolly a cenar. No hay feeling: "Cyril es tosco, de malos modales y resultó tan aburrido conmigo como yo lo fui con él." Pero el 13 de enero del año siguiente se lo encuentra de nuevo en un party y la impresión es diferente: "Cyril es el más brillante conversador que he escuchado." Por cierto, que le sorprendió que Connolly dijera que no había leído ni a Trollope ni a Dickens, y que de Jane Austen solo había leído una novela. Nunca acabamos de conocer a los demás.

Comentarios

  1. Nuestros caminos vuelven a encontrarse. Manejé mucho durante una temporada su obra "St. Peter's" (traducida como "San Pedro de Roma") para mi libro sobre historia de los jardines. No sabía yo que el erudito de la historia arquitectónica vaticana (y Tudor, y de Iñigo Jones) era también literato de otra especie. Gracias por la información y un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Sí, amigo, FPC, los caminos de la literatura son imprevisibles. Me alegro de la coincidencia.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).