Ir al contenido principal

Kryptonita terrestre

Muestra de jaderita, del Museo de Geología de la Universidad de Oviedo.
(Foto: Luis Miguel Rodríguez Terente)

Cualquiera que haya leído las historietas de Superman sabe lo que es la kryptonita y lo que significa para un kryptoniano como él: la potente radiación de sus cristales verdes anula los poderes del superhéroe. El malvado Lex Luthor, su archienemigo, lo sabe y en la película Superman Returns: El regreso roba en un museo un ejemplar de kryptonita cuya composición química corresponde a un hidroxisilicato de sodio, litio, boro y flúor.
Ahora bien, ¿existe algún mineral en la Tierra parecido a la ficticia kryptonita?
Sí, lo hay.
En 2006 geólogos de la compañía minera Rio Tinto descubrieron en el valle de Jadar, en Serbia, un agregado mineral de carácter noduloso y color blanquecino. Analizado por el Dr. Chris Stanley, del Museo de Historia Natural de Londres, resultó ser una nueva especie mineral, que recibió el nombre de jadarita, y cuya composición es casi idéntica a la de la hipotética kryptonita. Solo que no tiene flúor. Además, no es ni verde ni radiactiva.
Pero esto no es problema. Tampoco hay supermanes terrestres.

Comentarios

  1. Anónimo7/5/09 0:33

    A mí siempre me cayó bien Lex Luthor. En la película de Cristopher Reeve era el único que tenía algo de ironía. Y sus secuaces (Otis y la señorita Tessmaker) eran impagables.
    Pero además me acuerdo de un cómic de Superman en el que Superman viaja al pasado para evitar la muerte de Abraham Lincoln. "Casualmente", Luthor anda por allí porque ha ido con una máquina del tiempo a hacer alguna fechoría. Cuando ve a Superman (en realidad es Superboy) piensa que ha venido a detenerle y le paraliza con un trozo de kryptonita (quizá era jadarita). Superboy no puede evitar que maten a Lincoln pero Luthor se da cuenta finalmente de a qué ha venido. Se va diciendo al Superboy aún paralizado: "No me mires así, yo no lo sabía". Y hay una viñeta conmovedora en que Lex se cubre la cara con las manos y piensa: "Dios mío, de todas las maldades que he cometido en mi vida esta ha sido la peor". Realmente tierno.
    Un abrazo:
    JLP

    ResponderEliminar
  2. Por lo general los villanos de los comics suelen dar más juego que los superhéroes, porque son menos previsibles.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. De todos modos el resultado de este descubrimiento es bastante desolador: tenemos la materia para matar al héroe, pero no tenemos al héroe. ¿Quizá es que lo sabe, que ya nos hemos preparado para atacar su punto débil aun antes de que aparezca?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…