Ir al contenido principal

Había muchas como ella


Paris entró para subir en el ascensor hasta el séptimo piso. Al otro extremo del corredor abrióse una puerta y se asomó Dodie Saratoga ataviada con un salto de cama muy ajustado. El inspector quitóse el sombrero y entró enseguida (...)
Paris la miró con fijeza. Adivinaba lo que vendría. Había muchas como ellas: mujeres que llegaban de los pueblos pequeños. Se teñían el cabello, se pintaban las mejillas y usaban cosméticos perfumados..., y se ponían por nombre Dodie, Kathy, Vicki o Bobbi, porque les parecían más atractivos. Pero casi ninguna de ellas llegaba a la meta fijada. Eran ambiciosas y las dominaba la desesperación, mas no poseían talento ni habilidad. Y casi todas terminaban como ésta, vendiendo lo único que poseían.

(Incendio incloncluso, de Ben Benson. Editorial Acme, Buenos Aires, 1954)

Comentarios

  1. INcendio INconcluso, BEN BENson, Colección Rastros, Dodie Saratoga, arañazos en el escote (quizá hechos por ella misma para despistar al inspector Paris). Cubierta y cita perfectas.

    ResponderEliminar
  2. Amigo Ferrer, esta es del tipo de sorpresas que, tú ya lo sabes, aún se pueden encontrar, con un poco de suerte o serendipidad, una mañana de domingo en el Mercat de sant Antoni.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).