Ir al contenido principal

Día del libro

Francisco Rodríguez Marín (1855-1943),
fotografiado poco antes de su muerte,
junto al mueblecito en que tuvo su primera

biblioteca a los nueve años.

Hoy es -dicen- "el día del libro". ¿El día?... Para muchos, para mí entre ellos, son días del libro todos los del año. A mi avanzada edad, ¡con qué cariñosa delectación pienso en los libros que leí, con qué gusto en los que leo y con cuánta melancolía en algunos que no leí nunca y que no podré leer! Hasta los que ocupan mis estantes, los que siempre tuve a mano, ya no lo están hoy. No alcanza mi vista a leer tejuelos, ni, si están a alguna altura, puedo, como antaño, alcanzarlos por mí mismo: mi flaqueza senil me va apartando de su trato aun teniéndolos cerca, y a todo andar se me van acabando la deliciosa ocupación de leerlos y la más agradable de repasarlos, con paladeo y regusto de sabrosísima rumia espiritual.

(Francisco Rodríguez Marín, De libros, Madrid, 1943)

Comentarios

  1. Pues eso: feliz vida de libro. Saludos

    ResponderEliminar
  2. Me encantan los libros, en papel. Últimamente me estoy interesando por los libros antiguos (esos "queridos viejos libros"), pues me fascina lo que en ellos se contaba, en otra época (acaso soy un irremediable romántico), y sus ilustraciones en blanco y negro.
    Hace unos días tuve la suerte de hacer una visita fugaz a Madrid para ver unas exposiciones y subí la, tantas veces visitada, cuesta de Moyano con sus quiosquillos de viejos libros, hasta llegar a la estatua de Pío Baroja.
    Ahora estoy interesado en la "Geología" de Macpherson, en "Manuales Soler", de principios del siglo XX. Un pequeño tesoro.
    Saludos. Bernardo.

    ResponderEliminar
  3. Saludos y feliz día del libro a los dos.
    Bernardo: Conozco la "Geología" de Macpherson (el introductor de la la Petrografía moderna en España) y vale la pena. Es ciero que hay verdaderas "joyas" entre los libros de ciencia antiguos. ¡Que las disfrutes!

    ResponderEliminar
  4. Leer es vivir. Es respirar, caminar, tocar.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Kerouac

Ayer se cumplieron cincuenta años de la muerte del escritor norteamericano Jack Kerouac, la gran estrella del firmamento beat. De hecho, el comienzo de la llamada "generación beat" puede datarse en 1957, al amparo de la publicación de su novela En la carretera y el lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética (de aquí la palabra beatnik que a partir de entonces definiría a los jóvenes rebeldes y disidentes culturales).
Se diría que el éxito mató a la generación beat prácticamente desde su inicio. De la noche a la mañana aspirantes a escritores considerados impublicables ocuparon las páginas de las revistas, fueron entrevistados en la radio e incluso salieron en televisión. El fenómeno fue fulgurante, pero duró poco. La cosecha fue escasa, pero auténtica. Sobre todo hubo poetas, muchos poetas. Narradores pocos, y que hayan quedado todavía menos: solo Kerouac y su mentor William S. Burroughs, aunque en rigor el autor de El almuerzo desnudo no pertenece a la misma "gene…

Portentosas lluvias

Según reza el subtítulo de Mil y una curiosidades (Barcelona, c. 1930) se trata de un "Archivo de cosas raras muy convenientes. Algo de todo. Noticias que no contiene ningún diccionario. Libro de utilidad y recreo. Agradable lectura para hombres y niños. Asuntos tratados sencillamente, sin alardes científicos ni pedantescos". Su autor, aunque no conste en la portada, fue el periodista y humorista aragonés Julio Víctor Tomey, autor, entre otras obras, de dos libritos cómicos: Cuadernicos baturros y Prosica baturra.
El volumen II de Mil y una curiosidades -que me facilitó mi amigo Josep Mª Sans- contiene un batiburrillo de noticias curiosas sobre diversos temas, desde el velocípedo al paragranizo pasando por el modo de ordeñar las vacas por medio de la electricidad. Incluye también referencias a algunos libros antiguos y raros, como Prodigiorum ac ostentorum chronicon, infolio publicado en Basilea en 1557, por "el sabio profesor de Heidelberg Teobaldo Wolffhar, que escri…