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Corín Tellado

Leo los artículos aparecidos en la prensa asturiana con motivo de la muerte de Corín Tellado y, la verdad, no salgo de mi asombro. La cantidad de elogios y ditirambos apabulla. Un colega de El Comercio, por ejemplo, habla de su "laberinto ficcional imposible de igualar en lengua hispana" y de su "insobornable magisterio de didactismo permanente"; otro en La Nueva España dice que "es una pena que no hubiese sido elegida académica de la lengua." Ya sabemos que a los ojos de los demás todos somos mejores una vez muertos y que en este país solemos reservar las mejores alabanzas para los cadáveres, pero aún así ¿no nos estaremos pasando?
Una cosa es cierta. Corín Tellado escribió más de 4.000 títulos, vendió unos 400 millones de ejemplares y fue la escritora española más leída en el mundo. Son récords de escándalo y por ello merece un respeto. Nadie duda de que Tellado fue una persona sincera, vital, luchadora en tiempos difíciles y trabajadora infatigable (hace unos años le dieron, merecidamente, la medalla del Trabajo). Procuró entretenimiento, placer y evasión a innumerables lectores a lo largo de siete décadas, y esto tiene mucho mérito. No todos los escritores pueden decir lo mismo. Ahora bien, de aquí a ser considerada "la gran dama de las letras hispánicas", "la escritora más defendible que tuvo Asturias" o "un referente para la literatura con mayúsculas" hay, creo, un abismo. Mario Vargas Llosa se ha referido a ella como un "fenómeno sociológico", y es por ahí, creo, por donde hay que valorar su obra. Descanse en paz.

Comentarios

  1. lupidilup13/4/09 18:44

    Menos mal. Ya tenía yo un nivel de agobio casi insoportable pensando lo injusto que soy con C.T.; confieso haber leido (mucho tiempo ha) alguna que otra de sus novelitas galantes y nunca jamás se me pasó por la cabeza que eran otra cosa que un agradable pasatiempo para determinadas personas o un: "menos mal si no leen otra cosa, por lo menos que lean eso". Creo que tu juicio sobre su nivel de trabajo y de como logró conseguir mil y una maneras de contar la misma historia es lo acertado. Pero nada más.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo.

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  3. Vivimos en un país, o en un mundo, donde parece que sólo se valora lo que es popular o constituye un fenómeno de masas. Siempre he pensado que lo bueno, generalmente, hay que buscarlo, no nos es dado, y eso supone un esfuerzo que la mayoría no parece estar dispuesta a hacer. Yo encuentro un enorme placer en descubrir pequeños tesoros literarios, científicos o musicales (por ejemplo), aunque, confieso, me da rabia que la inmensa mayoria se conforme con lo que le dan, sin el más mínimo espíritu crítico. No pienso perder mi tiempo leyendo las historias de Corín Tellado ni otras similares; simplemente porque hay otras lecturas interesantísimas que descubrir. En cualquier caso merece mis respetos (y sus lectores, por supuesto, también).
    Saludos. Bernardo.

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  4. Anónimo14/4/09 0:20

    Totalmente de acuerdo. Me parece un personaje excepcional por muchas cosas pero... literatura...
    Te remito al artículo que escribí para La Voz (no es demasiado brillante, de todos modos: lo escribí a toda prisa). El mejor resumen lo escribió alguien en mi blog: era a la literatura lo que los culebrones al cine de Kubrick.
    Pero era una gran señora, eso sí.

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  5. Anónimo14/4/09 0:21

    Perdón, no firmé: JLP

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  6. Anónimo14/4/09 0:29

    Totalmente de acuerdo, querido tocayo. Esto de la asturianía a cualquier precio empieza a tener delito...

    Abrazo,
    Jordi Doce

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  7. lupidilup, airin, me alegro de que coincidamos.
    Bernardo: Parece, en efecto, que a la hora de valorar, lo más importante sea la popularidad.
    José Luis: ya había leído tu artículo, escrito con prisas según dices pero pero valiente por lo sincero. Chapeau.
    Gracias, tocayo: Lo que es la exageración y la falta de medida. He contabilizado en tres días, en La Nueva España, 15 páginas enteras dedicadas a Corín Tellado.

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  8. Formidable, Jorge, la foto que te ha hecho José Havel. Estados Unidos, años 50, Comité de Advertencias y Prolegómenos.

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  9. En efecto, Ferrer, la foto está a la altura de este Comité de fabuloso nombre...

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