Ir al contenido principal

Ignífugos


Se halla atestiguado por Olivero Jacobeus, que en Londres vivía un hombre que manejaba en sus manos un hierro encendido roxo, lamiéndole con su lengua, y mascando ya una composición de azufre, cera y resina encendidas, ya carbones hechos ascuas, y haciendo cocer ostras a este fuego. Yo he observado, dice, la boca, lengua y paladar de este hombre, y no he podido advertir allí señal alguna de ningún estraño. Solamente he notado que su boca estaba empapada en una grandísima cantidad de saliva.
En las transaciones filosóficas se halla este caso, que tal vez será del mismo hombre que se acaba de hablar. Un químico inglés, llamado Richardson, había adquirido la rara propiedad de ser inatacable por el fuego: mascaba las ascuas que se veían aun ardiendo larguísimo tiempo en su boca. Derretía azufre, lo hacía arder en su manos, y luego lo llevaba todo encendido sobre la punta de la lengua. Ponía sobre esta una ascua de carbón, y hacía cocer un pedazo de carne cruda, y sufría sin pestañear que se soplase este fuego con un fuelle. Tragaba vidrio fundido, pez, azufre y cera mezclados, y todo encendido de manera que la llama salía de la boca; y esta composición hacía tanto ruido en su garganta como un hierro caliente que se templa en el agua."

(Breve discurso sobre las operaciones que el hombre incombustible ha manifestado al público en Madrid, año de 1806. Reimpreso en Málaga, en la imprenta de Martínez, calle de la Cintería)

Comentarios

  1. Desde luego "hay gente pa tó" (químicos, por supuesto, incluidos). Curiosas estas historias del pasado (la verdad, no sé por qué, prefiero indagar en el pasado que pensar en el futuro de la ciencia, y de la humanidad; espero que no sea mal síntoma).
    Saludos.
    Bernardo.

    ResponderEliminar
  2. Enrique: Gracias.
    Bernardo: Indagar en el pasado de la ciencia es también una forma de pensar en su futuro.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

El granjero de Rowan Oak

En el verano de 1929 William Faukner se casó con Estelle Oldham Franklin, que se había divorciado de su esposo y había venido a Oxford con los dos hijos de este matrimonio, Malcolm y Victoria (conocida como Cho-Cho). Se casaron en la vieja iglesia presbiteriana de las afueras de Oxford que construyeron los esclavos sobre College Hill. Pasaron la luna de miel en Pascagoula, y fue allí donde Faulkner corrigió las galeradas de El sonido y la furia.
Al año siguiente, animado por los ingresos que le generaban sus relatos cortos en las revistas y la próxima publicación de sus libros en Inglaterra, Faulkner  compró Rowan Oak, una casa ante-bellum de Oxford, destartalada y necesitada de restauración. Por esta casa, adquirida por 6.000 $ y pagada a plazos de 75 $, lucharía Faulkner toda su vida  Como señala Michael Millgate (The Achievement of William Faulkner, 1966): "Visto hoy, el acto de adquirir tal casa se presenta como algo práctico a la vez que simbólico, que reafirma la decisión …

Memorare Manila

Pero la debacle llegó con la batalla de Manila, ya en pleno declive del Imperio del Sol Naciente, ante la presión de las tropas estadounidenses, australianas y de los propios filipinos sobre la capital de Filipinas.
      Luis García así me lo contó:
      -Hacia el día 7 de febrero de 1945, los estadounidenses empezaron a bombardear el sur de Manila. Y fue entonces cuando el general Yamashita ordenó al almirante Ibabuchi, encargado de las fuerzas japonesas en Manila, que evacuara Manila inmediatamente. Pero Ibabuchi hizo todo lo contrario. Abrieron todos los almacenes donde tenían todos los alimentos y las bodegas donde tenían  toda la cerveza. Y se emborracharon. Cuando estaban completamente borrachos, Inbabuchi les dijo: "¡A quemar Manila!".
     Había comenzado la sanguinaria batalla de Manila que se iba a saldar con unos cien mil nuertos en menos de un mes porque los japoneses tenían la orden de no rendirse. También contribuyeron a la destrucción las prisas del ge…