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Avendaño

Antiguamente, por estas fechas cuaresmales, cientos de predicadores recorrían los caminos de España a fin de preparar a los fieles para la celebración de la Pascua. Los predicadores hacían uso de sus mejores galas oratorias y la feligresía acudía en masa a iglesias y templos para escucharles devotamente.
De la repercusión que tuvieron estos oradores sagrados nos habla la gran cantidad de sermonarios impresos en los siglos XVI al XVIII. Uno de estos oradoeres fue fray Cristóbal de Avendaño, carmelita de Medina del Campo, que dejó escritas, por lo menos, dos recopilaciones: Evangelios de Cuaresma (1623) y Sermones de Adviento (1630).
El estilo de Avendaño es, a diferencia del de otros, directo y sencillo; y se halla exento, por lo general, de florituras barrocas, preciosismos cultistas y plúmbeas sentencias. Avendaño es consciente de que se dirige a un público mayoritariamente analfabeto, por lo que utiliza situaciones cotidianas, símiles sencillos y un lenguaje llano, entendible y alejado de metáforas abstrusas, prolijas digresiones y cansinos circunloquios. En este pasaje, por ejemplo, utiliza una prosa concisa y un ritmo presto y sincopado:
"Otra casa veréis, mal frontispicio, palacio viejo. Entráis en el zaguán, todo tiznado, escrito con los pávilos de las hachas, mal patio, peor escalera. Subís, entráis en las salas, halláislas ricamente aderezadas;: tanta silla, tanto dosel, costosas tapicerías, bellas y ricas camas..."
O este otro:
"Fuistéis a caza, salió la liebre: aquí la sigue, allí le dan alcance... Al fin se escapó, y lo mismo sucedió con las demás. Venida la noche, lo que traéis a casa es hambre, sed, cansancio."
Cristóbal de Avendaño solo escribió libros devotos; pero es claro que estaba dotado para la literatura.

Comentarios

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

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